"No elegimos venir al mundo, pero tenemos derecho de elegir donde vivir la eternidad."
20
Mar2010

El obispo responde – Mas-turbación

Pregunta:

Obispo Macedo, mi nombre es Werick, yo tengo 16 años y quería saber si la masturbación es normal o no. Cuando me vienen pensamientos de masturbarme, yo intento resistir, pero es más fuerte que yo. Tengo 8 años en la IURD y cuando yo voy a hablar con Dios Le pido que me dé mucha fuerza, pero no siento esa fuerza. Me pongo muy triste por hacer eso. Por favor, ayúdeme, obispo. Dios lo bendiga señor.

Respuesta:

Mi querido Werick,

Su duda es, en verdad, la de la mayoría de las personas. Especialmente cuando se trata de cristianos sinceros. Le pedí a la médica Dra. Eunice Higuchi que diese un comentario científico sobre el tema. Ella me dijo:

Obispo,

La masturbación, debido principalmente a los estudios de la Sexología, es entendida como una práctica normal en la infancia, adolescencia, en la fase adulta y la vejez.

En la adolescencia (de los 10 a los 20 años), la producción de hormonas sexuales, nuevos intereses descubrimientos propios de esa fase, provocan un deseo sexual de mayor intensidad, siendo la masturbación una forma de aliviar la tensión sexual y de conocimiento y descubrimientos del propio cuerpo. Inclusive, hace parte de un aprendizaje importante para la satisfacción sexual en la vida adulta. Pero, esta es preocupante cuando es practicada de una manera compulsiva, perjudicando el desarrollo de otras áreas de la vida (estudios, deportes, vida social, etc.) o cuando es practicada con objetos que puedan causar lesiones. En esas dos circunstancias, sería aconsejable buscar un médico.

Espiritualmente, la masturbación es una inclinación carnal. El acto en sí no es pecado. Pero, sí, el motivo por el cual es hecho. O sea, el pensamiento que lo motiva. Conciliar la buena conciencia cristiana y tal práctica es imposible, pienso yo. ¿Qué hacer? Pablo enseña: Es mejor casarse que vivir quemándose. Pero, ¿y los quemados que están impedidos de casarse? Creo que la masturbación sería la salida más segura. Eso si no hubiera una intención impura en el corazón. (Mt. 5:28)

El bautismo en el Espíritu Santo, creo, es la única solución definitiva para este problema. A causa de eso, el cristiano reúne condiciones de vencer al mal pensamiento. Es capaz de resolver el problema, ya que Él ofrece salidas. Pero, mientras eso no sucede, es normal, especialmente entre los jóvenes en formación. Es como dijo la Dra. Eunice.

Lo ideal sería ocupar la mente con pensamientos puros. Siendo así, no habrá masturbación. Y sin masturbación no habrá acusación maligna.

“Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” (Gálatas 5:16)

Que el Espíritu de Dios sea con todos.

Vea también:

- Como superar los malos pensamientos

Publicado por Obispo Edir Macedo

9
Mar2010

Sexo con lucifer – Capítulo 4

>Lea también los capítulos 1, 2 y 3


Volví al baño y me senté nuevamente donde mi vida estaba, ¡en el sanitario! Cuando fui a tomar la “actitud”, la voz de Dios fue mayor que todo lo que ya había “escuchado”, (mi hermano ya buscaba fervorosamente por mi en la IURD de Botafogo). No sé cómo explicarlo, pero fue demasiado fuerte. Sentí un temor tan grande que en el momento perdí el valor. Hoy, se que fue mi salvador Jesucristo. Yo lo sentía muy fuerte “decir”: “¡No haga eso jamás! ¡Su vida tiene solución!” Y entonces, el tal “hombre” en ese instante desapareció. Fui a la cocina y coloque los remedios sobre la mesada junto al vaso de agua y fui a dormir. Me imagino que el Espíritu Santo, a través de las oraciones de mi hermano, haya trabajado en mí durante el breve sueño, pues, dos horas después de acostarme completamente ebria, me levante y me fui hasta la cocina a tirar los remedios.

Nunca le di la oportunidad a mi hermano de hablarme de Jesús. El nunca me evangelizó, además, nadie, porque el odio por la iglesia, principalmente por la Universal del Reino de Dios, era terrible. Cuando le hablaba de mi lamentable vida, él tomaba la Biblia, y yo decía: “¡Otra vez con esa cosa No me importa nada eso!”

Al día siguiente, un domingo (yo odiaba los domingos), desperté físicamente, porque estaba muerta y enterrada en mi propia derrota. Un vació tremendo, el alma dolía mucho, entonces, la voz del “hombre” volvió: “No lo lograste. Tu vida empeorara. Toma el arma de ese hombre y pégate un tiro en la cabeza. Y luego me veras.” El hombre a quien él se refería era mi esposo, que es policía.

Quede con aquella idea fija el domingo entero. Imagino que mi hermano estaba en la Iglesia orando por la familia y, por eso, yo no haya consumado el hecho.

Paso un terrible día pero el lunes no fue diferente. Las sugerencias eran cada vez más fuertes, hasta que llamé a mi hermano y atendió mi madre. Yo la ofendí gratuitamente lo mas que pude y le dije que si algo le pasara a mí y a mi hija, que nadie se sintiera culpable. Dije que nadie me amaba, ni Dios, porque ni siquiera servía para morir. Ni Él me quería porque si Él realmente existiera, yo no estaría pasando por todo esto. Fue entonces que mi hermano, como nunca había conseguido, me habló de Jesús. En principio, rechacé aun más la Iglesia Universal, tanto que cambiaba de vereda para no pasar por la puerta. Diezmos, ofrendas, ¡ah que odio tenía! Pero, pero una vez, el Espíritu Santo prevaleció y después de mucho esfuerzo fui. Insultando y hablando obscenidades, pero fui. Le pedí a mi hermano que me fuera a buscar (yo vivía del otro lado de la calle), pues no tenía fuerzas para más nada, y le dije así que llego: “¡Solo te digo una cosa, no se para que voy a ese lugar. ¡No creo más en nada, en nadie y ni en Dios! Yo odio esa iglesia. Realmente, debo estar loca de ir ahí, pero esa es la última puerta que voy a tocar. ¡Y si no me sirve, voy a matarme de una vez! Nadie me lo va a impedir!” ¡Y GRACIAS A DIOS, FUE LA ÚLTIMA PUERTA!

Eso paso el día 3 de abril del 2000. ¡Voy a hacer 10 años de vida! Ese día, me acuerdo de la ropa que usaba, de la alabanza que cantaba (“Asegúrate de la mano de Dios...”), de la prédica. Quede muy aturdida con las personas orando “alto”. Aquello parecía enloquecerme, pues el dolor de cabeza que yo tenía era más fuerte, como nunca había sentido, pero salí de allí con algo adentro de mí, que nunca, en 33 años (edad que tenía en ese momento), yo había sentido. ¡Allí, encontré verdaderamente al Dios que por toda mi vida busqué!

La entrega de mi vida es muy poco comparado a lo que el Señor hizo (y hace) por mí. Hoy, tengo 43 años, soy una nueva criatura, estoy liberada y bautizada con el Espíritu Santo. Estoy preparándome para ser una obrera por la infinita misericordia de Dios. Mi pacto ahora es con el Señor Jesús de servirlo hasta la muerte o hasta Su venida.

Esa es una parte de mi historia.

Estoy a disposición para lo que sea necesario.

Agradezco la oportunidad de poder evangelizar a multitudes con mi testimonio.

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Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro (RJ)

Publicado por Obispo Edir Macedo

9
Mar2010

Sexo con lucifer – Capítulo 3

Lea también los capítulos 1 y 2

Fuimos recibidos con torta de maíz. Hablaron toda nuestra vida. En ese momento, quedamos maravillados: “Caramba, nunca nos dijeron o hablaron todo lo que estábamos pasando. ¡Que estupendo!” Y una vez más, allí estaba yo, como centro de todo, ayudando a recoger almas para al infierno.

Comencé a trabajar directamente incorporando los espíritus y de allí fui a servir en la umbanda, candomblé, quimbanda, magia negra. Hice pacto con el diablo con sangre derramada sobre mi cabeza. Muchas veces era poseída por varios espíritus en una sola noche. Tomaba cachaza (de la mas fuerte), cerveza (cualquier marca), bebidas dulces y cuando volvía en sí, no estaba ebria, pero el deseo de beber aumentaba y bebía “sola” allí mismo en centro espiritista. “Recibía” todas las “entidades”, pero había una mujer que tomo posesión de mi. Todo lo que yo decía, comía, vestía, calzaba, la marca de cigarrillo que yo fumaba, los hombres con quien salía, todo era comandado por ella. Perdí mi identidad y lo peor, no me había dado cuenta de eso.

En 1997, quedé embarazada de ese hombre y tuve una niña, entonces, todo empeoro. Fuimos a vivir juntos 15 días antes del nacimiento de mi hija (en 1998). Durante el embarazo fui despreciada y, cuando fuimos a vivir juntos, el infierno se transfirió adentro de mi hogar. El me traicionaba, llegaba a la casa todos los días ebrio, con el día amaneciendo. Las peleas eran constantes, insultos, agresiones verbales, (hubo hasta una física). Yo tomaba el cuchillo y le decía que lo iba a matar.

Embarazada deje de ir al centro espiritista, pero mantenía “contacto” con todos ellos. El altar en mi casa era lo principal. Volaban murciélagos por encima de las ofrendas que yo colocaba en la habitación. Era una humillación. Finalmente, mi vida perdía todo el sentido y el deseo de morir era diario.

En 1999, fue el año de mi derrota total. Comencé a ver una sombra oscura de un hombre con gorro en mi habitación cerca del perchero. Adonde estuviera sentía pasos atrás mío, pero en casa era más fuerte. Oía que llamaban por mi nombre y cuando contestaba, no era nadie. Yo tenía miedo y él me decía que si girase lo vería. Él me decía: “Deja ese hombre, mata a tu hija y quítate la vida. Tu sabes que después de la muerte podrás ir a un lugar lindo donde todo tu sufrimiento va a terminar.” Y yo miraba a mi hija – tan solo un bebe – y pensaba en matarla.

Con toda mi formación académica, cada día yo estaba peor, desempleada, destruida, llena de deudas, muerta por dentro con un dolor que agobiaba mi alma. Dolía mucho. Nada, nada, nada, llenaba aquel dolor. Ella aumentaba a cada día con extrema crueldad dentro de mí.

Ese espíritu se acostaba conmigo y teníamos sexo. Muchas veces, yo pensaba que lo había hecho con mi esposo, pero no, me levantaba para verlo y estaba en otro lugar de la casa. Sentía el peso de un hombre sobre mi y despertaba satisfecha sexualmente. Eso era toda la noche y con frecuencia. Por esa razón, mi matrimonio fue quedando cada vez peor. Imagino que cuando eso ocurría, yo estaba dormida, pero confieso que no sé, porque mi vida ya no me pertenecía, era de “ellos” y así andaba las 24 hs. poseída.

Ya había dejado la umbanda, candomblé, quimbanda, y fui a un centro de mesa blanca de nombre muy conocido. El libro del evangelio según el espiritismo era mi libro de cabecera. En el, aprendía a convivir con el dolor, a hacer caridad, sobre el “karma”, y que había nacido para sufrir, y que mi vida era fruto de mi vida pasada. ¡Ridículo, absurdo!

Un sábado, con el intento de salvar mi matrimonio, le pedí a mi amada madre que quedara con mi hija para que podamos ir a un restaurante. Cuando volvimos, estábamos a punto de matarnos. Las peleas comenzaban de la nada. Ese día, me golpeo y salí a la calle como una loca, buscando “amigos” para seguir “emborrachándome”. Felizmente no encontré a nadie y volví a casa a los gritos (eran como las 4 de la mañana). Los vecinos nos tenían mucho miedo y no hablaban. El “hombre” junto a mi, siempre abusándome.

En aquella misma madrugada, mi esposo fue a dormir muy tomado y yo a llorar (como era de costumbre). Fui al baño y los espíritus fuertemente me inducían al suicidio. Ya no era la primera vez, pero esa fue la última jugada. El vino hasta mi y dijo: “Toma todos los remedios del cajón, en especial los vencidos, y tómalos todos de una vez. Tú necesitas morir para descansar. Tu hija ya esta criada (ella solo tenía 1 año y 9 meses), ese hombre te odia, no tienes a nadie. Solo me tienes a mí. Vamos, coraje, hazlo de una vez y termina con tu sufrimiento de una vez por todas.” Hice lo que me ordeno. Prepare todo y fui hasta la cocina por un vaso de agua (detalle, me había alcoholizado la noche entera).

Continua...

Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro

Publicado por Obispo Edir Macedo

7
Mar2010

Sexo con lúcifer – Capítulos 1 y 2

¡Volver al terrible pasado de mi vida solo es válido para glorificar a Dios, entonces vamos!

Desde el vientre materno, por pura ignorancia espiritual de mi abuela materna, fui ofrecida a los espíritus, los cuales se decían de “luz” (como siempre hacen).

Tuve una infancia humilde, pero nunca nos falto el pan. Mi padre, siempre muy trabajador (como lo es hasta hoy), y mi madre, ama de casa. Ambos sin vicios. Nunca tuve ningún mal ejemplo que al menos intente justificar toda mi loca vida cuando me volví adolescente.

A los 16 años, me descomponía en la calle y entonces comencé a ir a un centro espiritista de “mesa blanca”. Los tales “ancianos e indios de luz” decían que ya era hora de “desenvolver” y comenzar a hacer caridad, pues todo lo que recibía “de la gracia de Dios” debería pasar a mis hermanos de la misma forma. Así, comenzaba realmente la desgracia de mi vida.

En 1985, a los 18 años, me enamore de un joven. El era estudiante de medicina y yo, en esa época, estaba terminando la escuela secundaria. Me entregué a él. Éramos novios y teníamos planes para casarnos. Mi padre, que es un hombre muy serio e integro, nunca tolero los amoríos que yo tenía, pero este joven le agrado (realmente era un buen chico). Un día, de repente, él resolvió terminar conmigo y yo casi enloquecí (en esa época yo ya estaba en “desenvolviendo” con los espíritus). Caí en una profunda depresión, no me bañaba, no comía y vivía en una habitación oscura. Me acuerdo que para ir a la escuela muchas fueron las veces que dormía con el uniforme para no perder la clase. Cuando iba a la escuela (llevada por mi madre, de ómnibus) por padecer también el síndrome de pánico, quedaba como un bicho alejado al final de la clase sin decir una palabra. Mis amigas de clase desconfiaban de mis actitudes, pues era una chica muy “feliz”. Preguntaban a mi madre lo que me pasaba y ella decía: “Déjenla chicas, ella está muy enferma.”

Hice tratamientos con un psicólogo, pero dentro de mi nunca acepte depender de nadie y de nada. Tire los remedios y le dije a mi madre que, de ahora en adelante, yo me curaría solita. Pues bien, comencé a salir con más frecuencia con amigos, por las noches, bebía sin control (nunca dejando de ir a las sesiones espiritistas). “Recibía” a los espíritus en la calle, o en cualquier lugar. Yo no tenía dominio sobre ellos en mi vida. Cociente, los serví durante 19 años. Probé marihuana y cocaína, pero felizmente, no me gustaron los efectos. Exhalaba mucho desodorante. En los fines de semana era ley (época de discotecas).

Yo veía la tristeza estampada en el rostro de mi padre cuando llegaba en casa por la mañana, completamente ebria, y muchas veces, con una lata de cerveza. Entraba solamente para tomar mi delantal para ir a las clases de la escuela que termine solo Dios sabe cómo.

Parecía estar sanada. Comencé la facultad de Fonoaudiología en una estupenda Universidad en Río de Janeiro. Siempre bebiendo y fumando mucho, llena de “amigos” y cada vez más agresiva, prepotente, arrogante. Yo tenía una sensación de poder increíble y no le tenía miedo a nada y a nadie. Esto cada día crecía más y más dentro de mí. Por las noches, en primer lugar, servir a las “entidades” siempre.

El tiempo paso y a cada día yo me hundía más. Bebía tanto que todos los días al despertarme tenía ganas de quitarme la vida de tantas “borracheras”. Recuerdo que tenía una imagen de “Cristo” en la habitación. Yo charlaba con ella siempre y, rezando, pedía que no despertara mas el día siguiente. Cuando me despertaba, las ganas de quitarme la vida aumentaban y así fui “desenvolviendo” y destruyéndome.

Hombres casados eran mi preferencia. Si fuese soltero no lo quería. Tenía placer en sacar el marido de las mujeres y destruir matrimonios. Y lo peor es que, en la mayoría de las veces, yo lo conseguía, pero después los dejaba.

En 1992, a los 25 años, conocí a un hombre en un bar que iba frecuentemente (además, yo pasaba el día bebiendo) y fue entonces la consumación de mi derrota. Un “amigo” de la época nos presento y para variar, él era casado. Me gusto la idea y continué. El me dijo así: “¡Cuando termines con fulano (otro casado), tu vas a ser mía. Quise decir, ¡ya eres mía!” recuerdo que sonreí y no me dio mucha confianza, pero la semilla del infierno había sido plantada dentro de mi. Quedamos juntos como amantes hasta 1994, cuando su mujer descubrió todo (ya era su segundo casamiento). Y me pareció bien. Fui hasta la casa de ella, me senté en su cama y le dije a ella que a él no lo dejaría nunca; que se conformase en ser la otra. Lo mas increíble fue que acepto y me dejo ir. Hasta me acompaño a la portería para tomar un taxi.

Cree lazos con él. Viajábamos y dormíamos afuera casi todos los días. El la llamaba del motel y le decía que estaba trabajando. Yo me creía la mujer más maravillosa y poderosa, y me reía de ella. Comencé a beber vodka porque era la bebida preferida de él. En el inicio, con aquel refrigerio que todos conocen (la famosa y terrible cuba libre), pero durante la misma noche, la bebía pura. Teníamos un bar en el portaequipajes del carro de él. En esa época, comencé a escuchar voces y ver sombras y la vida cada vez más loca y desenfrenada.

En una de esas salidas nocturnas llenas de cigarrillo, bebida y prostitución, “recibí” un espíritu dentro de su carro. Él tenía un Fiat Uno Mille, y el panel termino destrozado, por los cortes de cuchillo. Su hijo tenía 7 años estaba con nosotros y había presenciado todo. “Yo” mande dejar al chico en cualquier “desfiladero”. Menos mal que él no hizo eso, pero el niño empezó a tenerme miedo. Quede poseída por ese espíritu más o menos de las 23 hs a 5 hs de la mañana. No recuerdo nada. Solo recuerdo cuando volví en sí. Yo estaba solamente con un short y sostén, en frente al portón principal del cementerio del barrio de Botafogo. ¡Allí, pedí la muerte! Entonces mi madre, como toda buena madre, queriendo ayudar a sus hijos, llamo a mi antigua mai de santo y le contó toda la historia. Inmediatamente ella mandó (no pidió, era una orden) que al día siguiente fuera allá, pues necesitaba volver a trabajar con los espíritus. Claro que obedecí y lleve de regreso a mi madre y a mi enamorado.

Continua...

Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro (RJ)

Publicado por Obispo Edir Macedo

4
Mar2010

Sexo con el diablo – Capítulo 14 (Final)

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3, 4, 5, 6 , 7, 8, 9 y 10, 11, 12 y 13

Ahora ya sabía cómo luchar contra ese ángel/demonio. Si yo les digo que la lucha contra el tal ángel/demonio fue fácil, mentiría. Fue una caminata dura y agresiva. Yo decidí que tenía que comenzar a concurrir a esa iglesia, a hacer cadenas de oración (algo que nunca había escuchado).

El tal ángel/demonio quedo enfurecido y muy mal. Él me atacaba y me decía: “Tu no vas.” Esto te puede parecerle muy extraño, pero lo cierto es que con tales cadenas de oración que yo hacía los viernes, él, el ángel/demonio, no conseguía tocar mi cuerpo. Entonces, él intentaba afligirme con palabras negativas. Fue una lucha dura.

Pero, oyendo la Palabra de Dios, aprendiendo y cambiando mis actitudes, alejándome de todo lo que era en contra de la palabra de Dios, descubrí que era poseída por un demonio, y que él estaba dentro de mí (eso me fue aclarado por un obispo de la iglesia).

Aprendí que usando el Nombre del Señor Jesús, creyendo, pero creyendo sin dudar (teniendo fe), el insecto ya no me podría tocar mas. Entonces, cambie de una vez el rumbo de mi vida a través de la fe en el Señor Misericordioso Jesús.

Probé la Fuerza y el Poder del Nombre del Señor Jesucristo. En mis cadenas de oración, los pastores realizaban oraciones fuertes que hacían al tal ángel manifestar y ser expulsado. Esos hombres eran usados por Dios para ayudarme.

Yo manifestaba muy fuerte y agresivamente; no me acordaba de nada. Cuando volvía en sí, veía a los pastores con sus camisas rotas, sillas tiradas; yo terminaba muy cansada. Al comienzo, pensaba que ellos me hipnotizaban, pero no, era él, el ángel, que se rehusaba a dejarme. Pero mi hijo, muchas veces, me decía: “¡Madre, parecías un monstruo!”

Hubo un cambio. Comencé a cambiar y eso fue notado por varias personas, y una de ellas fue un amigo mío de muchos años. Él decidió venir también a la iglesia, y ese día yo manifesté. Mi amigo se indigno mucho, y cuando estábamos volviendo a casa, él me pregunto: “Eh, Fátima, dime una cosa; nosotros nos conocemos hace muchos años, ¿aquello era una escena o era real?” Yo solo le conteste: “¡Si! Es real.”

A partir de ese día, mi amigo también comenzó a concurrir a la Iglesia y manifestó también con una fuerza maligna. Hoy, liberado, él sirve a Dios.

Fue y siempre será una lucha constante contra las fuerzas del mal. Después de estar 2 años en la presencia de Dios, mi madre falleció, pero cuando recuerdo lo que yo le escribía a ella a Dios, veo que Él es fiel. Mi madre tuvo la alegría de verme en la presencia del Señor.

Le debo al Señor Jesucristo la misericordia y oportunidad de tener Su Palabra revelada en mí, y mi querida madre, por nunca haberse cansado de mí.

Hoy, estoy liberada de todo. Cocaína jamás. Depresión jamás. Molestada, violada, jamás. El demonio, ya no lo veo más, ya no lo escucho, pero sé que existe y quiere destruirme. Y la tal frase que oía en mi mente se hizo verdadera en mi vida: “Descubriréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

Esa es la verdad: que fuerzas del mal existen y están en un espacio oculto, con un objetivo, que es destruirnos. La Tierra, las casas, la materia, no son blanco de ellos, pero si, nosotros, los seres humanos, criaturas de Dios.

Crean si quieren, comprendan si pueden.

No soy loca. Nunca fui loca.

Yo, Fátima, hoy a los 49 años, se que los demonios y satanás existen y harán todo lo que sea para destruirme, a mi y a usted, que piensa que no existen, porque ellos viven en lo oculto.

Cuando decidí escribir la historia real y verdadera de mi vida, no es y nunca será mi intención mostrar o evidenciar que soy mejor o peor que alguien, pero tenía que decirle a todo el mundo mi experiencia de vida con las fuerzas malignas de satanás.

Yo hacía 10 años que estaba en la iglesia, pero no tenía el coraje de contar al mundo este lado y como el Señor Jesús me libero de todo el mal. La gloria y honra al Señor Jesús yo doy. Sólo al Señor Jesús y a nadie más, junto al Espíritu Santo que también es una fuerza oculta.

Yo, Fátima Carvalho, testifico que Dios existe y satanás también. Tengo la mayor prueba de que existe un Dios que libera y salva.

El coraje de hablar al mundo vino cuando mi nieta de 3 años me dijo un día: “Abuela, hay un monstruo que acostumbra estar en mi habitación.”

Entonces, algo me toco el corazón y yo le dije a mi hijo: “Es él, el descarado, el demonio.” Y dije dentro de mí: “¡Sin vergüenza, voy a desenmascararte, sucio y repugnante!” Ahora yo ya sabía cómo luchar contra ese demonio.
Tenía una vergüenza que lastimaba. Entonces, decidí hablar con Dios. Para los que no creen, nosotros podemos hablar con Dios. Él también es Espíritu. ¡Si yo hablaba con un demonio, imagine ahora! Yo hablaba y hablo con Dios.
Yo le dije: “Dios, llévame a Tu tierra. Entonces, paso que la iglesia hizo una excursión a Israel. La oportunidad había llegado. Fui a Israel a una misión.

Y le dije a Dios cuando estaba en Israel. Salí por la madrugada en Nazaret, y le dije: “Señor, hace muchos años el Señor camino, quién sabe, por estas calles. Por favor, dame coraje y saca de mí esta vergüenza, para que pueda hablar al mundo de todo lo que yo pase en las manos de satanás, y yo, Fátima, te glorificaré todos los días de mi vida; sirviéndote mi Señor.” Y así sucedió.

En junio de 2006 (cómico, que fue en el día de mi cumpleaños), la Iglesia me pregunto si quería dar mi testimonio. Nadie sabía de esta parte. Oían como Dios me había liberado de las drogas y de las otras cosas, pero del descarado del ángel yo siempre tenía vergüenza de hablar. Pero, ese día, yo grite al mundo lo que el tal demonio me había hecho y como fue expulsado de mi vida, a través del Señor Jesucristo.

Dios me dio el coraje que Le pedí. Y agradezco al obispo Macedo y a la Iglesia Universal del Reino de Dios por haber creído en la historia real y verdadera de mi vida. El diablo trabaja con sugestiones y dudas en nuestras mentes. Dios trabaja con la fe y la certeza.

Desde el día en que yo lo desenmascare, no piense que él se tranquilizo. Pero, yo ahora sé cómo luchar contra él (yo no tengo poder o fuerza alguna), pero si Él que vive dentro de mí. Satanás es un mentiroso, él predica la mayor mentira a la humanidad: Hace creer que él mismo no existe.

Hoy, soy una mujer feliz, con paz interior, liberada de todo el mal. No existe, para mí dinero que pueda pagar lo que Dios, por Su misericordia me dio.

Todos nosotros tenemos problemas, pero sé cómo enfrentarlos, porque ahora conozco al buen Ángel. Frustraciones, depresión, miedo, no hacen parte de mi nueva vida.

Yo no era la única persona de mi familia que era perseguida por ese mal. Pero, a través de nuestra fe en Cristo Jesús aprendimos a enfrentar y combatir las fuerzas malignas.

Lucharé, lucharé, lucharé.

Fuerzas satánicas existen, crea usted o no. Yo fui blanco de eso. Pero me fue dada la oportunidad de conocer una Fuerza Superior que se llama Jesucristo.
¡Lucharé, lucharé siempre, pues prefiero morir luchando que dar la victoria a un demonio!

Consideraciones

Yo Fátima C. Carvalho, nací el 9 de junio de 1960, en una isla llamada São Tomé e Príncipe, una ex-colonia portuguesa.

El 13 de mayo de 1962 llegue a Portugal en un barco llamado Guanza. Llegue a Lisboa, capital de Portugal, y no volví más a aquella isla. Un día me gustaría volver, porque es un lugar muy bonito.

Con mi madre aprendí el dialecto de la isla de São Tomé y también entiendo el dialecto de Príncipe.

Después de haber llegado a Portugal, fui a vivir a la costa sur del Río (llamado Cruz de Pau), y en esa localidad crecí.

La decisión de haber escrito este libro fue dirigida a las personas que sufren el mismo problema que yo sufrí, que puedan conocer el camino a seguir.

Fue mi nieta Melanie, con apenas 3 años de edad que me alerto sobre la trampa que el tal ángel/demonio estaba tramando contra mi familia.
En su inocencia, me dijo: “Abuela, un monstruo acostumbra entrar en mi habitación, asustándome.”

Ella me alerto. Era él (el ángel/demonio). Yo pedí a Dios coraje porque tenía vergüenza de contarle al mundo.

Dios me dio coraje y me saco esa vergüenza.

¡Que sea una bendición!

Notas

Experiencia

Cuando el obispo vino aquella noche y me dijo: “Hija, usted va a escribir un libro”, yo pensé que no sería capaz. Intente, durante 3 años, escribirlo. Siempre que empezaba, esa fuerza oculta del mal intentaba impedirme. Varias cosas sucedían. Cosas que la mente, muchas veces, no conseguía una explicación (pero yo sabía era él intentando impedirlo.)

Escribí este libro todo a mano porque fue la manera de hacer que el descarado del demonio viera que las mismas manos que él uso para escribir cosas al contrario, hoy son usadas para glorificar al Señor Jesús que lo derrotó.

A veces, suceden cosas que la lógica no consigue explicar. Fue necesario una oración, ayuno, determinación, dedicación y certeza. Hoy, termine este libro y sé que Él llevará a muchas personas que sufren como sufrí yo a comprender que existe una salida, un camino para ser feliz.

Nosotros no nacimos para sufrir. La palabra de Dios dice: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.” (Lucas 10:18). “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir.” (Juan 10:10).

Robar: la paz, la felicidad y la alegría;

Matar: nuestra alma para siempre (en el infierno);

Destruir: la creación de Dios (hombre).

Pero la palabra de Dios también dice: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10). Abundancia en todas las áreas de nuestras vidas.

A la humanidad que no cree en las fuerzas ocultas, yo les digo: Analicen sus vidas y vean si ellas existen o no. Cuando no queremos o no entendemos, es más fácil decir que no existen.

Dios los bendiga y se revele a todos los que lean este libro.

María de Fátima da Cruz Carvalho.

Publicado por Obispo Edir Macedo

2
Mar2010

Sexo con el diabo – Capítulos 11, 12 y 13

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3, 4, 5, 6,7 , 8, 9 y 10

Mi padre llevó a mi madre a esa iglesia que se llama Iglesia Universal del Reino de Dios.

El día que mi padre llevó a mi madre, yo no podía ni levantarme de la cama, y el ángel/demonio me decía: “Tu no vas a ir allá. ¡No vas a ir a la casa del Hombre de la Cruz!”. Yo no entendía lo que él me decía; lo cierto era que no podía levantarme de la cama, estaba dolorida, débil.

Mi madre empezó a frecuentar esa iglesia y eso me molesto mucho.
Mi mamá comenzó a mejorar, hasta que un día dejo de oír la voz del ángel; ella quedo libre de él. Y dijo: “¡Milagro!”

Todo lo contrario a mi, yo estaba muriendo lentamente. Rebelde, no aceptaba ir a esa iglesia. El tal ángel me golpeaba y me decía siempre: “Tu no vas a ir allá”.

Varias veces yo le decía a mi madre: “ ¿Yo, ir a esa iglesia? ¿Iglesia de estafadores?” Ella solo me decía : “Vas a ir, quieras o no. ¡Yo se que vas a ir!”

Yo la veía con fotos mías y le decía: “ Mamá, ¿me estas haciendo algún daño, llevando mis fotos a esa iglesia de los brasileños? Yo tenía tanta rabia cuando veía a mi madre ir a la iglesia. Solo la acompañaba para irritarla, y el descarado del ángel me decía: “Tu no entras, no vas allá” Cuando yo llegaba en la puerta de la iglesia y mi madre entraba, me quedaba afuera, diciéndole a aquellos hombres: “¡Ladrones, brasileños estafadores, yo nunca entrare aquí!” Pobre de mi madre, quedaba avergonzada.

Esto duró aproximadamente dos a tres años. Mi querida madre nunca se rindió.

Ella no sabía escribir, entonces me pedía que escribiera cosas que yo no entendía para que, pero, pobrecita de mi madre, ella no sabía escribir. Y yo, una perturbada, decía: “OK. Dame que yo escribo.” Y una de las cosas que ella me pidió, que jamás podré olvidar, fue lo siguiente. Ella me dijo: “¡Escribe como yo te diga, Faty! Fátima servirá a Dios.” Y repitió ella: “ Escribe; mira que El (Dios) esta mirándote! Yo, atormentada, pensaba cuando escribía: “ ¡Yo nunca voy a servir al Dios de ella! ¡Dios! ¡ Dios!”

Yo, ignoraba, no sabía que en aquel momento mi madre estaba participando de una campaña de fe. Pero mi vida estaba entrando en un abismo total y profundo.

Al despertar en una mañana de mayo (estábamos en el año 1996/1997), decidí que aquel día iba a poner fin a mi vida, pues estaba dolorida por haber sido una vez mas violada por el ángel/demonio. Decidí que de aquel día yo no pasaba. No le dije nada a nadie.

Escribí una carta a mis padres y la dejé en mi casa. Fui a dejar a mi hijo con mis padres y les dije: “Tengo que hacer algunas cosas.”

Le di el día libre a mi empleada. Compré mucha cocaína y comencé a caminar hacía el abismo final. Yo iba a morir.

Comencé esta caminata, una decisión forzada por la posesión demoníaca de la que era blanco, porque a esa altura yo ya sabía que aquel ángel era muy malo.

En mi adiós a la vida (en la realidad de mi vida), fume y consumí toda aquella cocaína.
Tome mi auto con un poco de coca que todavía tenía y fui al Pontão de Cacilhas, donde varias personas que conocí ya se habían arrojado y muerto allí. Y el ángel me decía exactamente estas palabras: “Vamos, acaba contigo. Eres un parásito; estas sola y acabada. ¿Qué te queda? Vamos, lánzate, lánzate, arrójate.” Y yo, parada, miraba hacía el rió y decía: “Cuando termine esta coca, me tiro. Así que termine la última pitada, me tiro.”

Al mismo tiempo, en mi cabeza, escuchaba algo diferente que varias veces pasaba por mi mente: “Descubriréis la verdad y ella te librará.” Pero yo no entendía, no prestaba atención, yo quería que terminará conmigo.

En el adiós de una vida sin valor, sin rumbo, dejaría atrás a mi familia, mi hijo, toda la vergüenza y especialmente ese ángel malo.

Todo se oscureció en mi mente.

No puedo decir, precisamente, lo que me sucedió. Solo se que cuando volví en si, yo estaba dentro de esa iglesia. Yo mire hacía un hombre y le dije: “¿Qué hago aquí? ¡Ustedes no me agradan! Y el hombre me respondió: “Fue la señora que vino hasta acá.”

Comencé a llorar mucho. Esperaba que aquel hombre que estaba allí frente a mi me maltratase, me juzgara, pero no nada de eso me sucedió, al contrario, él me escucho y dijo: “Existe una salida para su sufrimiento.” Yo le dijo: “Entonces, voy a hacer todo lo que usted me diga.”

Hoy yo se que fueron las oraciones de mi madre que me llevaron hasta allí, y que la misericordia de Dios me trajo hasta donde el Señor estaba. No que yo merezca alguna cosa, pero este Dios es misericordioso. Dios me dio una oportunidad.

Mi lucha contra aquel ángel había comenzado ahora.

Consideraciones
El libro sexo con el diablo retrato, a lo largo de esos trece capítulos, todo el sufrimiento de una mujer durante una buena parte de su vida. En medio de engaños, tristezas, droga, violencia y abundante amargura y aflicción, una luz surgió para que la principal protagonista de esta impresionante historia real fuese rescatada de su abismo, aparentemente sin fin.

Al final de esta saga en pro de una paz verdadera, usted va a saber como Maria de Fátima alcanzó la salida de este oscuro y oculto juego de terror y muerte.

Este jueves (04/03) en la última parte de esta dramática historia, usted sabrá lo que llevó a esta mujer, hasta entonces tan sufrida, a tener un final con una vida nueva y feliz.

Publicado por Obispo Edir Macedo

26
Feb2010

Sexo con el diablo – Capítulos 9 y 10

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8”

Durante el día, todo parecía normal (para los que convivían conmigo). Pero la figura del ángel/demonio se tornó la mayor persecución: donde quiera que yo estuviese, allí estaba él (en las clases, en la calle, en el carro, donde quiera que yo estuviera allí estaba él pegado a mí), siempre susurrando a mí oído: “¡Eres mía! No puedes huir de mí. ¡Voy, a matarte!” La voz de él siempre dentro de mí, dentro de mí oído.
En la noche, yo salía y bailaba en fiestas particulares para la alta sociedad, pero ningún hombre me podía tocar, porque yo, poseída por el ángel/demonio, era muy agresiva, y usaba un chicote en mis danzas.
“Amitaf, la poseedora de la noche.” Alguien que intentase tocarme mientras yo danzaba corría el riesgo de llevar un chicotazo, pero aquellas personas lo creían lo máximo.

En una de esas salidas nocturnas, cuando llegué a casa en la compañía del descarado del ángel, mi tormento diario, él me dijo: “¡Hoy serás mía, mía!” Yo quede aterrorizada.
Vivía con mi hijo y una empleada. Ellos ya dormían. Yo estaba con tanto miedo porque dejé de ver al ángel, pero sentía su presencia, su olor, lo negro de su ropa cerca de mí (ahí, ¡estaba loca!); yo temblaba toda.

El ángel ya había intentado tocarme varias veces, porque, a veces, yo sentía las manos de él recorriendo mis piernas y yo siempre le gritaba: “¡Suéltame, déjame! Sale de aquí. Tu no me tocas.” Y él se detenía. Pero, esa noche, yo sentía que él iba hacerme alguna cosa mayor, pues mi corazón latía muy acelerado. Así vivía yo.

En aquella noche, el ángel me paralizó en la cama. Las manos de él me sofocaban el cuello. Pensé que él me mataría en aquel momento, cuando, de repente, sentí el peso de un hombre sobre mi cuerpo; un dolor que penetraba mi cuerpo, mi vientre. Todo mi cuerpo traspirado, sus manos me acariciaban, me lastimaban. Yo no conseguía moverme, gritar, hablar, huir. Estaba siendo poseída por un hombre invisible, un hombre que nadie veía. Estaba loca, pero aquello estaba sucediendo realmente conmigo.
Fue una penetración dolorosa y prolongada. Cuando el ángel/demonio descarado termino su servicio yo estaba toda mojada. Quedé por mucho tiempo en la cama hasta poder moverme y conseguir levantarme para ir al baño. Cuando me levanté, casi me volví a caer.

¿Y, cómo hablar de esto? ¿Y a quién? Estaba manteniendo relaciones sexuales con una cosa invisible (nadie, pero nadie en el mundo iría a creer).

Al día siguiente, casi no conseguía andar por los dolores que sentía en mis huesos. Yo era profesora de gimnasia y nunca había sentido tremendos dolores en los huesos y en los músculos como en aquel momento.

A partir de ese instante sólo un pensamiento me venía a la cabeza: matarlo. ¿Pero, cómo, si él aparecía y desaparecía? Entonces comencé a pensar en matarme.

El ángel/demonio comenzó a usar mi cuerpo y me decía: “Eres mi mujer, eres mía.” Y pasé a tener un ángel/demonio como un marido invisible. Es cosa de loco. Yo estaba loca.

El ángel jamás dejaba que algún hombre se me acerque y si lo hacía terminaría mal. Fueron años de sufrimiento, tortura. Él usaba y abusaba de mi cuerpo, me violaba, me estupraba. Yo sufría callada, me sentía sucia, humillada; lo odiaba.

Increíble poder creer que se tiene un marido (espíritu, algo invisible). Yo lo odiaba. Odiaba aquello que él me hacía. Yo tenía noches de masturbación infernal, dolorosas, con el peso de la mano de él sobre mí (¿cómo contar esto? Nadie va a creerme, Nadie). Yo siempre digo que si alguien se masturba, puede tener la certeza que un espíritu está allí presente con la persona (crean si quieren, pero yo, Fátima, pasé por eso).

El ángel/demonio se apoderaba de mi cuerpo de una forma, que varias veces yo estaba en un lugar y cuando volvía en sí estaba en otro. Él usaba mi cuerpo. Esa es la razón por la cual varias veces yo no conseguía recordar cómo había llegado a aquel lugar. Lo que había hecho, lo que había sucedido. No, no, yo no soy loca, decía yo para mí misma varias veces.

Y él siempre hablando a mí oído: “¡Ve, matate, matate!”

En la calle yo siempre aparentaba ser feliz. Las personas, especialmente hombres me decían: “Eres bonita.” Yo me veía la mujer más fea y horrible. Yo cubría los espejos de mi casa para no verme.

En casa sofría con depresión, tristeza. Yo lloraba mucho, fumaba a cada instante y el tal ángel sólo me decía: “¡Ve, fuma perra!” Eran exactamente esas palabras las que usaba: “Fuma, fuma, soy yo que quiero que tu fumes.”

Yo sólo pensaba en morir, morir. Muchas veces, intenté matar a mi hijo, pues el ángel quería matarlo. Él quería a mi hijo desde el día que nació. Llegué a abandonar a mi hijo en medio de la noche en un lugar llamado Mata dos Medos, donde se hacen trabajos de brujería, hechicería y otras cosas más. Pero el Dios misericordioso me llamó a la razón de madre y volví atrás, yendo a buscarlo.

Como me lastima traer eso a mi memoria de nuevo, porque aún hoy mi hijo, ya adulto, se acuerda de ese momento. ¡Oh, Dios!

Yo sólo pensaba en terminar con mi vida. ¿Cómo decirles a mis padres la vida que llevaba? ¿Cómo es que las personas irían a reaccionar? Si yo hablase del ángel, sería internada en el hospital. ¡No, no! Sólo la muerte era la salida.

De día era una profesora (bien disfrazada), pero completamente drogada. Y de noche yo era Amitaf, otra persona. Nadie con quien hablar.

Yo hablaba con mi madre, y ella, pobrecita, intentaba ayudarme. Nosotros íbamos a los brujos, todos nosotros íbamos. Pensábamos que era normal porque hasta los médicos nos mandaban hacerlo. Los brujos (medicina popular), usaban también un crucifijo, como en la iglesia. Nosotros pensábamos que habíamos encontrado la solución.

Sin embargo, lo cierto era que yo no conseguía que pare de molestarme. Yo era violada todas las noches por un hombre que nadie veía. Yo estaba por quedar loca. ¿Cómo salir de ese tormento? ¿Cómo? Estaba yo en un callejón sin salida.

Sólo la muerte me haría escapar de las manos de él, eso pensaba yo.

Muriendo, el ángel/demonio ya no me molestaría.

Nosotras éramos religiosas. Mi madre y yo hacíamos promesas a una imagen (de nombre Fátima). Gracioso como el tal ángel/demonio jugaba con nuestras creencias religiosas y ceguera espiritual.

Cuando me casé (si ustedes se acuerdan, en los capítulos anteriores), yo dije que él, el ángel, me mandó comprar una ropa especial de novia, un Sari indiano.

Mi Sari vino desde la India, tanto que las personas lo encontraron extraño. Las personas tenían la idea de creerme extravagante.

Ese conjunto de Sari había un manto que él, el ángel, me mandaba ofrendar a tal imagen de Fátima. Pensaba que estaba haciendo algo para ser feliz en mi matrimonio.

Un día, estando en casa de mi madre, con él siempre persiguiéndome, en mi cuarto de la infancia, el ángel/demonio estaba bombardeándome con ideas suicidas y me decía: “Voy a matarte. Voy a matar a tu hijo. ¡Voy a matar a toda tu familia!” Y comencé a decirle: “¡No vas! Tu no eres un ángel; eres malo. ¡Tu eres un puerco, te odio!” Él se enfureció y me empujó contra la pared. Mi madre lo oyó y me preguntó, yendo a mi encuentro: “¿Faty, quien está ahí contigo?” Yo le pregunte a mi madre: “¿Madre, usted me oyó? ¡Es él, él!”

A partir de ese momento, mi madre comenzó a ser atacada por él. Ella pasó a oírlo. Él nos decía que iría a matarnos a todos, a toda mi familia. Mi madre parecía una loca, estaba pasando lo mismo que yo, sólo que apenas yo lo veía y oía; ella apenas lo oía.

Llamamos a brujos y médicos. Mis familiares quisieron llevar a mi madre para el hospital. Yo grité: “¡No, nunca! ¡Nadie interna a mi madre!” Estábamos siendo blanco del tal ángel. Él quería matarnos a todos. A mi familia no le gusta hablar de eso, pues es motivo de vergüenza.

Yo estaba viéndolo decir a mi madre que iría a matar a los hijos. Él ahorcó a mi cuñada y mi sobrino pequeño lo vio.

El ángel empujaba a mi madre. Ella lo empujaba.

Vino un brujo a nuestra casa y nos dijo que toda la familia se reuniese en el pasillo e hiciéramos la oración del Padre Nuestro a la medianoche. Y así lo hicimos. Yo les decía: “Él está enfrente nuestro, diciendo el Padre Nuestro de atrás para adelante.”

Otro brujo fue a casa. Escupía fuego por la boca y casi quemó a mi madre. Pobrecita de mi madre, estaba siendo atacada por el ángel malo; él iba a matar a mi madre. Mi querida madre ahora también pasaba los días siendo atacada por él.

Otro brujo nos dijo que esfumaría con aquello estaba en la casa. Que nada. El tal brujo envió más (demonios, bichos), porque yo los veía; eran como animales deformados.

Esa noche, que el tal brujo habló que sacaría aquello de allí, pobre de mi familia: mi hermana estaba con mucho miedo; fue a dormir conmigo y con mi hijo. El descarado se instaló para vivir en nuestra casa.

Mi madre empeoró. Ella no sólo oía la voz del ángel, también la de todos los otros (ángeles malos) que estaban con él.

Yo nunca dejé que la internasen. Al mismo tiempo, el descarado del ángel continuaba molestándome y abusando de mi, diciendo que toda mi familia era de él.

Conversando con mi familia, quedé sabiendo que cuando era un bebé tuve un problema (yo aún estaba en São Tomé e Príncipe), y mis padres, pobrecitos, me llevaron a un curandero. Hoy yo se que fue por ser tan ignorantes del verdadero camino que esa acción repercutiría en el futuro. Fue cuando fui presentada y ofrecida a este dicho ángel. Nosotros no lo sabíamos.

Mi madre ya no podía salir a las calles porque, si ella lo hacía, el tal ángel intentaba matarla.
Un día, mi padre encontró una señora, amiga de la familia, que había oído hablar de lo que estaba pasando con mi madre y de cómo ellos estaban sufriendo con lo que me estaba sucediendo.

Ella le dijo a mi padre: “Vea, yo voy a un lugar. Es una iglesia adónde se hacen oraciones fuertes. ¡Quién sabe ellos consigan ayudarla!” Y dio a mi padre una revista llamada Maria, que tenía la dirección.

Publicado por Obispo Edir Macedo

24
Feb2010

Sexo con el diablo – Capítulo 7 y 8

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3, 4, 5 y 6

Termine escapando de mi marido y de la relación enferma de a tres (pero éramos cuatro porque solo yo veía al ángel/demonio).

Cinco años vividos con la amante, un hijo, y 10 años llenos de angustia, desilusiones, amargura, y con mucho odio. Un odio y un deseo de ver muerte, sangre. Yo solo tenía ansias de matar, así comenzó mi recorrido al infierno.

Conocí a alguien que me mostró el camino de la cocaína, pero antes de conocerla, consumí LSD, ácidos, Valium, Repenol, liamba, opio y además, tomaba unos comprimidos que me mantenían calma, pero en mi organismo causaba una reacción totalmente contraria. Así que los tomaba, yo destrozaba todo, y me volvía muy agresiva. Los médicos decían que era imposible y de no creer porque los remedios eran para dormir, pero el tal ángel me dejaba agresiva.

Después de haberme separado, día y noche solo planeaba la forma de matarlos. Tenía tanto odia, un odio ciego, al punto de hacer planes de como los mataría.
Llegué a pagarle a alguien para hacerlo, pero gracias a Dios esa persona conocía bien mi forma de ser y me devolvió el dinero, diciéndome: “Fátima, yo sé que no querés hacer esto.” Aun así quedé enfadada con él (pero menos mal que Dios no lo permitió).

El se rehusó a hacerlo. Así que, decidí hacerlo: le apunte el arma a la cabeza de mi marido. El descarado ángel/demonio me decía al oído: “Mátalo, mátalo. ¡Vamos, eres una cobarde; mátalo ahora, mátalo!”

Durante el día parecía normal. Volví a dar clases, pero a la noche era otra persona: Consumía mucha cocaína y fumaba base (crack), pero en cantidades exorbitantes por la noche.
Podría gastar, a aquellas alturas 600 “duros” (la moneda en Portugal, en esa época era la Lira) o más. Me envolví con gente muy peligrosa y de la alta sociedad.

En aquel momento, el tal ángel/demonio era señor de mi cuerpo, alma y vida.

Ahora era una loca disfrazada (yo solo quería que desapareciera de mi vida). El tal ángel/demonio no dejaba a ningún hombre que se me acerque. Cuando eso sucedía, el quedaba furioso: me pegaba, intentaba asfixiarme, casi me mató. Yo aparecía con hematomas y las personas decían que yo mismo me los hacia. Estaba en el abismo. ¿Cómo hablar de esto con alguien si nadie lo creería? Aunque yo iba a iglesias, brujos y cartomantes...

Pasé horas en una bañera cubierta con sabanas blancas y sangre de gallina derramada sobre mi cabeza. Cada vez que terminaba de hacer un trabajo, el descarado del ángel se reía de mí. Yo lo veía y él me decía: “Mata a tu hijo. ¡Vamos, mátalo!”

Intente varias veces matar a mi hijo (pero la misericordia de Dios no lo permitió). Cuando recuerdo estos momentos de mi vida, no consigo contener las lagrimas, porque la compasión de Dios fue grande.

Vivía atormentada día y noche. El me tiraba de los pelos, me empujaba, era un sufrimiento en silencio.

Cualquier hombre que intentase enamorarme, o si yo buscase a alguien, el ángel lo mataba. Sucedían cosas muy extrañas con ellos, que me obligaban a abandonarlos.

Yo andaba armada con una nueve milímetros (pistola automática) y un látigo; era muy agresiva. Golpeaba a los hombres con que salía. El ángel llevo a la cárcel a uno de mis enamorados sin causa o explicación. Otro sufrió un accidente fatal y murió. Cualquier persona que se me acercara estaría en peligro.

Mi vida era horrible. Yo solo quería cocaína. Inhalaba, fumaba crack, pero, como dije, era dos personas, dos personalidades. El mundo que me rodeaba desconfiaba, pero yo creía que lo tenía controlado. De día, parecía una persona normal, pero no lo era: fumaba más de 30 charros (haxixe y liamba) por día. ¿Cómo ser normal cuando estaba completamente drogada?

Publicado por Obispo Edir Macedo

22
Feb2010

El acto conyugal

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El acto conyugal se trata de la relación sexual entre el marido y su mujer. ¿Qué se puede o no en ese acto? La Biblia no especifica cómo se debe hacerlo. Apenas advierte a lo que es contrario a la naturaleza (Romanos 1:26).

A mi modo de ver, contrario a la naturaleza significa todo lo que distorsione la armonía entre Dios, el ser humano y la naturaleza.

En el sexo anal, el recto es agredido con una intromisión extraña a su naturaleza. Él no está en la función de recibir, mas de expedir. ¿Expedir qué? heces, excremento. Las heces son la basura del cuerpo humano. Usar el ano como objeto de placer es lo mismo que degustar una rica cena de a dos en medio de un basurero. No tiene sentido. Es cuestión de higiene, de salud y, sobretodo, de inteligencia.
Sin embargo, cada uno es dueño de su propio cuerpo y hace de él lo que mejor le parece. Por eso, nos fue dado el libre albedrio.

El cristiano sabe que su cuerpo es templo del Espíritu de Dios. Y como tal, no acepta someterse a nada contrario a la naturaleza.

Leer más:

- Dudas sobre el sexo

- La intimidad de la pareja

-Bendito condón

-La fe y el sexo

-Lo que puedo y lo que no puedo hacer

Publicado por Obispo Edir Macedo

21
Feb2010

Sexo con el diablo – Capítulo 6

“El texto que sigue es la continuación del testimonio de María de Fátima da Cruz Carvalho. Vea también los capítulos 1, 2, 3, 4, y 5

Por un tiempo pensé que el tal ángel había desaparecido. Intentaba llevar una vida normal. Era dueña de un restaurante y también hacía algo que me gustaba: daba clases en un gimnasio.

Pero, después de un tiempo, ahí estaba de nuevo, el tal ángel. Ahora el estaba más furioso como nunca lo había visto, y estaba siempre cerca de mi hijo. Yo no decía nada porque no quería ir otra vez al hospital.

Mi matrimonio continuaba siendo una mentira. Yo continuaba fumando drogas y, esta vez, consumía doce comprimidos por día.

Mi marido continuaba traicionándome y nuestra relación era pésima, aunque tuviéramos negocios (restaurantes, buenos carros). Todos pensaban que estaba bien – ¡MENTIRA!

Yo sufría una crisis nerviosa que él, ángel/demonio, se apoderaba de mi cuerpo, tanto que la madrina de mi hijo decía (cuando me calmaba): “¡Fátima, parecía que tenías al diablo en tu cuerpo!”

Mi marido embarazo a su amante, pero antes de ese embarazo ella ya había hecho un aborto de él. Yo sufría bastante, pero no lo dejaba. Yo quería hacerlo, pero mi madre me decía: “No, hija, divorcio no.” Entonces, yo aguantaba, siendo lastimada, humillada y atormentada.

Las drogas eran mi compañía. Fumaba más de 20 charros (hachís, marihuana, etc.) por día, junto con los 12 comprimidos.

Intente matarme por segunda vez. La primera vez, no pude. La otra vez tome una dosis alta de comprimidos con alcohol. Y sobreviví.

Ya no me importaba nada. Fingía ser feliz. Todo el mundo pensaba que ya había superado mis problemas. Mentira. Pero, unos pocos amigos veían que algo extraño sucedía en mi vida.

Otras pensaban: “¡Fátima es muy loca; es lo máximo!” Comencé a leer las palmas de las manos y les decía que era el ángel, pero ellos continuaban pensando que estaba sobre los efectos de las drogas. Y me decían: “estas fumando mucho, chica.”

El hijo de la amante nació. Otra puñalada en el pecho. ¡Que odio sentí!

Una mañana de mucho sol estaba preparándome para buscar a mi padre en cais de Alcântara. El ángel/demonio hizo que viera la foto del bebé en la billetera de mi esposo, y el tal ángel me dijo: “Vamos, vamos ahórcalo. ¡Ahorca a tu marido!”

Fui a ver a mi marido en la habitación e intente matarlo. Una discusión infernal comenzó. A esa altura, estaba con nosotros una amiga en casa que se quedo algunos días. Yo vivía cerca de la playa, entonces, varias amigas tenían el habito de pasar algunos días allí.

Mi amiga entro en mi habitación, lo sacó a mi hijo y lo llevó al patio. Yo tome un cuchillo para matar a mi marido y ella intentaba empujarme hacia fuera, al patio.

Solo sé que la que termino bañada en sangre fui yo. Por poco no quedé sin mano y paralizada. Toda ensangrentada, no sentí el corte (el descarado ángel estaba dentro de mi).

Todo esto fue pasando...

Publicado por Obispo Edir Macedo

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