Prueba de fe

Entre todos los dioses egipcios había uno cuya cabeza era de oveja / cordero. Por eso, los pastores de ovejas no eran bienvenidos entre ellos. El esquilado y, en especial, su sacrificio eran una afrenta para la fe egipcia.
El pedido Divino del sacrificio de un cordero y la exposición de su sangre en los umbrales de la puerta de entrada de la casa no debe haber sido una tarea fácil para los israelíes. Exigiría coraje. Ciertamente, eso insultaría a los egipcios y los volvería más agresivos hacia los judíos.
Los hijos de Israel tuvieron que elegir entre sacrificar a Dios y correr riesgo de vida o dejarlo y "salvar" su propio pellejo.
En cada instante de la vida, los convertidos pasan por el mismo dilema delante del mundo. Allí estaba la prueba de su fe.
He aprendido que el ejercicio de la fe es más una cuestión de actitud de coraje en obedecer la voz de Dios que el hecho de sentirlo.
"Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará" (Mateo 16:25).
Nadie se salva movido por sentimientos. La salvación exige actitud, acción o materialización de la fe. O sea, ¡coraje!
Publicado por Obispo Edir Macedo
De ateo a hijo de Dios
Rafael Silvestre José, de 23 años, era ateo desde los 17. Su postura se definió debido a varias cuestiones que surgieron en su mente, entre las cuales, las principales fueron: ¿por qué Dios permitía que tanto mal suceda en el mundo?¿Por qué un Dios era más válido que otro?
“La acciones del catolicismo me causaban mucha confusión: malos testimonios de personas que se llamaban cristianas, pero sus vidas no mostraban eso; su comportamiento no mostraba las enseñanzas bíblicas que yo conocía, porque, como ateo, no creía en la Biblia, pero la leía para encontrar justificación en mi falta de creencia.
Mis amigos pensaban como yo, de hecho, muchos ya tenían sus dudas y se convirtieron en ateos una vez que yo, con mis fundamentos, los influenciaba al ateísmo.
Mi idea en relación a la Iglesia Universal del Reino de Dios estaba totalmente basada en los noticieros. Nunca me dediqué a investigar mejor lo que escuchaba. Admito que fue uno de los mayores errores que cometí. Una de las mayores ideas que me venían a la cabeza en cuanto a la Iglesia era de los supuestos “escándalos” que hacía mucho aparecieron en la TV, en relación al dinero, diezmos y ofrendas, lo que las personas daban y el uso que le daban a ese dinero.
Hace 2 meses y medio llegué a la Iglesia Universal del Reino de Dios a través de la invitación de una persona muy querida. Yo sólo creía en aquello que veía, pero luego supe que esta persona estaba poseída por espíritus malignos cuando presencié su manifestación. Esta fue la razón que hizo que comenzara a cuestionar mi postura ateísta.¿Será que aquello en lo que yo creo, en el plano material, es la única cosa que existe?
Decidí participar en la Iglesia para apoyarla en el proceso de liberación. Durante las reuniones, vi a esta persona, siendo poseída nuevamente, sin embargo, a través de las oraciones de autoridad que el Obispo realizó en aquel momento, fue liberada y se sintió bien. Yo mismo llegué a sentirme mal. Sentí malestares, temblores, una presión sobre mi cuerpo como si algo me empujase hacia abajo. Ver toda aquella autoridad del obispo sobre esas fuerzas malignas, puso en curso todo lo que yo creía. Quise saber de dónde venía ese poder. Las dudas abundaban en mi mente. Conversé con uno de los miembros de la Iglesia y este me orientó que, entonces, hiciera una prueba con Dios a través del diezmo. Diezmé, pedí una prueba a Dios y tuve la respuesta, fue impresionante. A partir de entonces, pasé a buscar la ayuda de Dios, del obispo y del pastor. Pasé a leer la Biblia para aclarar mis dudas y por primera vez, comencé a encontrar respuestas.
En todas las reuniones de los Hijos de Dios, me llamó la atención que era necesario enterrar toda una vida pecaminosa y nacer a una nueva vida. Ahora sé que soy un ser humano y pecador, pero sólo en Jesús encontré arrepentimiento y perdón. Decidí entregar mi vida en las manos de Dios y acepté a Jesucristo como Señor de mi vida. Me bauticé en la aguas y en Él encontré fuerzas para luchar contra mí mismo.
Hoy, participé por primera vez de la Santa Cena y fue muy especial. Puede participar del cuerpo y de la sangre de Cristo. Para mi, esto es experimentar tener fe. No fue palpable, no fue material. Creo que a través de estos elementos (pan y vino) estoy en Comunión con el Cuerpo de Cristo.
Todo quedó transparente en mi mente. Entendí el valor del verdadero sacrificio, que no es el sacrificio en sí, hay mucho más por detrás que realmente agrada a Dios, y es eso que muestra nuestra fe, despegarnos de aquello que nos sujeta al materialismo y confiar solamente en Dios. Esta es la formula del milagro: entregarse y confiar plenamente en Dios, sin dudar.
Hay sed dentro mío, de que el Espíritu Santo me llene por completo. Estoy luchando diariamente para alcanzarlo y lo voy a conseguir. ¡Hoy yo creo!
Publicado por Obispo Edir Macedo
La Ciega

Había una muchacha ciega que se odiaba por el hecho de haber nacido ciega. También odiaba a todos, excepto a su novio.
Un día, ella dijo que si pudiera ver al mundo se casaría con él. En un día de suerte, alguien le donó un par de ojos, entonces, su novio le preguntó: “Ahora que puedes ver, ¿te casarás conmigo?”.
La muchacha quedó shockeada cuando vio que su novio era ciego. Ella dijo: “lo siento mucho, pero no me puedo casar con vos porque eres… ciego”.
El novio, apartándose de ella, con lágrimas, dijo: “Por favor, sólo cuida bien a mis ojos. Eran lo mejor que tenía”.
Nunca desprecie a quien le ama. A veces, las personas hacen ciertos sacrificios y ni los consideramos. A pesar de que Jesús dio toda Su vida, aún así, la mayoría lo desprecia.
Publicado por Obispo Edir Macedo
Mi propia novela romántica
La caligrafía era perfecta, la carta parecía estar toda cubierta de oro, mis ojos se pusieron azules. El sentimiento era inexplicable. No fue la carta en sí lo que convirtió ese momento en especial para mí, y sí la forma en la que todo sucedió a partir de la simple confianza en Dios. Es como si yo estuviera recibiendo mi recompensa por darle el dominio de mi vida.
Inmediatamente recordé el sacrificio en la Campaña de Israel anterior. Había sido un anillo de oro, era mi único anillo. Mi padre me lo había dado como regalo de mi cumpleaños de 15. Significaba mucho para mí, tanto que era todo lo que tenía para sacrificar. Yo no trabajaba, no tenía dinero ni nada de valor.
Después de ponerlo en el sobre, me sentí orgullosa de mi fe de cierta forma, como si, en todos esos años, finalmente hubiese hecho algo con ella. Pedí a Dios una cosa en aquel sobre, quería casarme con mi primer novio, que viniera de Él (y de nadie más).
Yo era la hija del obispo, todos querían conseguirme a alguien. A los ojos de ellos, yo estaba disponible. A mis ojos, no lo estaba. Quería que Dios me preparara a alguien porque sabía que elegiría a la persona perfecta para mí. Dios sabía de mis expectativas y entonces no sería nada más ni nada menos de lo que esperaba.
Cuando Renato (hoy mi marido), de la nada, me escribió esa carta de amor, sin al menos haberme conocido o hablado conmigo, fue como si Dios me hubiese escrito el romance perfecto.
Yo no podía parar de sonreír y tengo la sensación de que Dios tampoco.
En la fe.
Cristiane Cardoso
Publicado por Obispo Edir Macedo
Ofrenda Viva

“Mi mayor prueba de entrega total fue que mis hijos no fueran educados para recibir herencia ni que se sirviesen asimismo”
Yo viajo por el mundo, pero no conozco casi nada, a no ser la naturaleza del lugar que me apasiona siempre. Mi hobby es sacar fotos y guardarlas en mi computadora, que por cierto, siempre me esta dando problemas de memoria.
Soy apasionado por mi esposa y no estoy sin ella ni un minuto. Ester no necesita estar muy maquillada y mucho menos de cirugías plásticas. ¡Ella solo tiene que peinar su cabello para atrás y yo la veo linda! Mis hijos son fruto de nuestro amor. Tengo placer en estar con ellos, pero ellos saben que no tienen herencia financiera.
Yo no tengo nada y mucho menos ellos. Todo lo que yo uso es de la Iglesia, y eso lo digo con todo placer en mi corazón. Todo lo que hago es para Dios, no para mí, ni para mi familia. ¡Mis hijos saben que si no usaren la fe, estarán perdidos!
Cuando case a mis hijas, todavía bien jovencitas y sin ninguna experiencia, lo hice por la fe, pues sabía que, ambas se casaban con hombres de Dios, todo saldría bien. Mis yernos se tornaron hijos propios.
Prácticamente vivo en un avión. Ester consigue hacer una valija en pocos minutos. Cuando ya nos estamos acostumbrando con la diferencia de horario, viajamos de nuevo y la edad, en estas horas, se hace presente.
Me encanta estar con mis colegas de fe. Ellos son más hermanos que otra cosa. Tenemos la misma fe, el mismo objetivo y el mismo ideal. Somos todos iguales, participamos de las mismas alegrías y tristezas porque somos uno en el Señor. Ellos saben que soy un hombre como cualquier otro y sin embargo, me respetan. Ellos me respectan porque ven la acción del Espíritu Santo en mí. Somos simples, somos los que somos, nos gusta quedar a voluntad, de vestir ropas confortables sin preocuparnos con la moda.
Corro como un niño cuando recibo una revelación de Dios y no puedo guardarla ni por 5 minutos. Llamo para todos y sigo adelante. Yo no guardo nada en mi manga. Lo que Dios me dio, yo tengo que pasar y lo que Él me diera, voy a seguir pasando para todos.
Somos idealistas. La única cosa que pedí a Dios fue ganar almas para mi Señor. ¡Nada más, quien cree, amén! Y quién no cree… ¿Y qué? No le doy la mínima importancia a quién no cree.
Mi mayor prueba de entrega total fue que mis hijos no fueran educados para recibir herencia ni que se sirviesen asimismo.
No los críe para mi gloria, pero si, para aquel que me llamo.
Nuestras vidas son constantemente ofrendas vivas en el altar de Dios.
¡Dios bendiga a los que creen!
Publicado por Obispo Edir Macedo
Profecía, Visión y Sueños

Soñar es una característica inherente a todo ser humano. Pero, la realización de un sueño sólo sucede si, antes, fue concebido a través de la fe sobrenatural.
Este tipo de fe no existe por casualidad. La fe sobrenatural sólo se alcanza por medio de la meditación en la Palabra de Dios. La promesa remueve la ceguera espiritual y da a la persona la visión de la grandeza de Dios y de Su voluntad. Pero la acción humana es la llave de encendido de la fe sobrenatural.
A lo largo de la historia de la humanidad, el Espíritu Santo ha protegido la autenticidad de Su Palabra para que ni una “j” o una “tilde” pase sin que Ella se cumpla (Mateo 5:18). Es necesario creer y asumir esa Palabra, de lo contrario, nada sucede.
Pero, es necesario discernir lo que es meramente un deseo humano de lo que es un sueño nacido del corazón de Dios. Cuando Dios nos da un sueño, también da fe para realizarlo.
Al alimentar el sueño de salvar a su familia de aquella generación corrupta y pagana, Noe recibió de Dios la visión del arca y las instrucciones para construirla. Pero creyó en esa promesa, aun siendo considerado loco por muchos.
Abraham soñaba con tener un hijo y Dios le dio condiciones físicas para realizarlo. La situación parecía biológicamente improbable, pero Abraham creyó y lo logró.
El profeta Elías tenía el sueño de desenmascarar a los profetas de Baal. Cuando se presentó la oportunidad, Dios le dio la debida fe para realizarlo.
Pablo también tuvo el sueño de anunciar el Evangelio entre los gentiles (no judíos). Dios le dio fe y coraje para hacerlo.
Pero estos y todos los demás tuvieron, de una forma u otra, que pagar el debido precio de la conquista. No hay sueños realizados sin sacrificio.
Publicado por Obispo Edir Macedo
El sentido del Sacrificio

Estamos viviendo un momento muy fuerte, en Brasil y en el mundo, con la gran campaña de la Hoguera Santa de Israel.
¿Para quién será mi sacrificio, y cuál es mi intención al presentarlo?
La raíz que da origen a la palabra sacrificio es, en latín, sacer. Esta raíz tiene el sentido de algo que no puede ser tocado. Entonces, pasó a significar: lo que pertenece al mundo de lo divino.
Sacramentum: en el comienzo, juramento prestado a Dios;
Sacrifícium: lo que es ofrecido a Dios y se vuelve sagrado. O el propio acto de ofrecimiento.
El estudio de las antiguas civilizaciones revela que todos los pueblos ofrecían sacrificios a Dios o a sus falsos dioses. En Roma, en África, en India, etc. En la Biblia, el sacrificio aparece luego del comienzo de la humanidad: “Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró el Señor con agrado a Abel y a su ofrenda” (Génesis 4:4).
En todos los grandes eventos, los hombres ofrecían sacrificios a Dios: Noé (Génesis 8:20); Abraham (Génesis 22:1); Moisés: (Éxodo 29:38 y Levítico).
El sacrificio es algo que forma parte de la naturaleza humana. Las personas sacrifican todo el tiempo, sea para sí mismas o para sus dioses, lo que debemos observar es a quién estamos presentando nuestro perfecto sacrificio y cuál es nuestra real intención al presentarlo. Es evidente que el sacrificio trae la respuesta de forma inmediata, pero tenemos que entender que el sacrificio no puede ser apenas un medio de liberación o una petición para una determinada situación, y sí también una forma de obedecer la voz de Dios y, sobretodo, adorar por medio de la fe sacrificial que exige renuncia y que estemos desprovistos y despojados de toda condición humana.
Hablar sobre el sacrificio no es para cualquiera. La palabra sacrificio tiene un peso muy grande y hasta mismo aterrador. Muchos líderes de iglesias llevan al pueblo al sacrificar, a través de campañas y propósitos, pero ni siquiera tocaban la palabra sacrificio, pues muchos de ellos tienen miedo de perder a sus adeptos diezmistas y ofrendantes. Por eso, predican en contra de la propia cruz, que es el mayor significado del verdadero sacrificio incondicional y desinteresado, sabiendo que atraerán para sí a los legos desinformados, débiles y dependientes siempre de terceros. Admiro a la Iglesia Universal y a su líder, el obispo Edir Macedo, y formo parte de este gran ejército universal, pues todos los que lo forman tienen experiencias respecto del sacrificio.
Todas las personas que llegan a la iglesia en esta época, con el alma saturada, llena de sufrimiento y dolor, se lanzaron de cabeza, porque estaban en una situación de vida o muerte y, porque no decirlo, entre la espada y la pared, presentaron a Dios sus sacrificios seguidos de pedido, adoración, gratitud por tener la certeza de que serían atendidas. Y el resultado a ese acto es obvio: tuvieron sus necesidades respondidas, pero, infelizmente, hoy, por estar suplidas, no perciben la necesidad de sacrificar.
“Hastiada está nuestra alma del escarnio de los que están en holgura, y del menosprecio de los soberbios” (Salmos 123:4).
En cada campaña de fe hemos madurado en lo que significa el sacrificio para nosotros, así como para cada hombre del pasado tuvo un significado diferente. Para unos, adoración, para otros, petición, para otros, agradecimiento y para Abraham, obediencia a Dios.
Debemos preguntarnos algo: “¿Para quién estoy presentando mi sacrificio? ¿Para hombres, para la institución Iglesia Universal del Reino de Dios o verdaderamente para Dios?”
Resumiendo: el sacrificio está en el ADN de aquellos que son nacidos de Dios.
“Y cuando ofreciereis sacrificio de ofrenda de paz al Señor, ofrecedlo de tal manera que seáis aceptos” (Levítico 19:5).
“Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio en ofrenda de paz al Señor para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria, sea de vacas o de ovejas, para que sea aceptado será sin defecto” (Levítico 22:21).
“Y al lugar que el Señor vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido al Señor” (Deuteronomio 12:11).
La iglesia del Señor Jesús, infelizmente, está partida al medio. De un lado, un pueblo débil y, del otro, un pueblo fuerte; de un lado, un pueblo vencedor y, del otro, un pueblo vencido. Y eso porque de un lado tenemos un pueblo puro, pero cobarde al sacrificio y, del otro, un pueblo impuro, lleno de disposición para sacrificar. Los testimonios serían inevitables.
“Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas” (Tito 1:15).
EL DÍA 13 DE DICIEMBRE ES EL DÍA DE ESCUCHAR LO QUE DIOS NOS ESTÁ PIDIENDO EN TODOS LOS ALTARES DE LA IGLESIA UNIVERSAL, EN BRASIL Y EN EL MUNDO.
EN LA FE,
Publicado por Obispo Edir Macedo
El ejemplo de Abraham

Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué. (Isaías 51:2).
¿Por qué Dios pide que miremos a Abraham? ¿Qué es lo que Él nos quiere mostrar? ¿Si no fuera nada importante, para qué mirarlo?
Lo que Dios quiere mostrarnos es hasta qué punto llegó Abraham con su obediencia, dando a Dios algo que no le daría a nadie debido a su valor e importancia: su propio hijo. Algo que era insustituible.
Dios muestra a un hombre llegando al límite de su fe y Él, al punto de hacer un juramento, se pone como garantía. (Génesis 22:16).
Si la persona ve lo que hizo Abraham y hace lo mismo, Dios hará en su vida lo que hizo en la vida de Abraham. La grandeza de la fe de Abraham está en la obediencia.
Existen los que creen y los que no creen. ¿A quién mirar? LOS QUE CREEN MIRAN A ABRAHAM
¿Usted cree que Dios puede cambiar esta situación terrible que vive en la familia, el amor, la salud o en su vida económica? Entonces, use su Isaac y pruebe a Dios. Y en el altar usted podrá decir: "¡Dios, el Señor ya me está debiendo porque yo también llegué al límite de mi fe!" Y como Dios no puede deberle nada a nadie, ¡¡¡¡VA A TENER QUE SER UN ÉXITO ROTUNDO!!!!
¡Dios le bendiga abundantemente!
Obispo Romualdo Panceiro
Publicado por Obispo Edir Macedo
Fe, Indignación y Sacrificio
(Comentario del obispo Marcelo Crivella sobre la fe del obispo Edir Macedo)
Fe, indignación y sacrificio son la esencia de la vida con Dios. La fe recuerda al profeta Habacuc y su época, en la que Jerusalén estaba cercada por Nabucodonosor y la destrucción era eminente. Su libro tiene tres capítulos y comienza con una pregunta: ¿por qué?
¿Y quien, por lo menos una vez en la vida, no se preguntó ‘por qué’? ¿Por qué un chico nace con defectos? ¿Por qué un rayo cayó del cielo y destruyó la casa de un pobre? ¿Por qué una bala perdida, en una comunidad carenciada, mató a una criatura inocente? ¿Por qué?
Y Habacuc, en sus reflexiones, en lo profundo de su corazón, acuñó una oración bella y estupenda que sólo podía venir de Dios: “El justo por su fe vivirá.” Más no se podía decir.
En un mundo injusto, con tantas desigualdades, sólo la fe es capaz de garantizar la vida. Sin ella, somos atormentados por dudas y temores, vacilantes, una sal sin sabor; una nube sin agua, vagando por los cielos; una ola del mar llevada por el viento; un muerto vivo.
Naturalmente, la fe causa una indignación contra todo eso y construye con sacrificio la última victoria. Ese camino estrecho y apretado fue el que Dios trazó para el surgimiento de la Iglesia Universal.
De joven, el obispo Macedo frecuentó una iglesia evangélica en la zona sur de Río de Janeiro por unos 10 años. Su deseo era predicar, pero los líderes no veían en él virtud o talento alguno, ni una expresión que llamara la atención. Ni siquiera tuvo la oportunidad de servir como obrero. Diez años no son 10 días. Otro hubiera desistido. Otro se hubiera desanimado. No él. Y la razón era la fe.
Movido por el deseo de servir a Dios, él y dos amigos fueron a una iglesia en el suburbio. Yo era apenas un niño en ese momento, pero recuerdo que allí el pastor también hizo la misma evaluación. Pasado algún tiempo, consagró a los demás, pero no al obispo. Una vez más él fue puesto de lado, excluido, disminuido, enfrentaba el preconcepto, el desaliento y la frustración. Otro se hubiera desanimado. Otro hubiese desistido.
Un día, estaba almorzando en casa de mi abuela cuando él entró. Y permítame romper aquí, por el momento, el protocolo para recordar, hacer una mención de honor a aquella señora extraordinaria. Un inolvidable ejemplo de renuncia, dedicación y amor.
El obispo venía a avisar que dejaría su trabajo para predicar el Evangelio. Él ya estaba casado, tenía una hija y la esposa estaba embarazada de la segunda. Un gesto de fe extrema para quien era desacreditado por todos. Para una familia humilde como la nuestra, un empleo público, como el de él, representaba una vida libre de desempleo.
Mi abuela apenas exclamó: “No dejes de pagar los aportes, para garantizar la jubilación cuando envejezcas”.
Cuando veo esa orgía histérica de insultos torpes, ese odio neurótico, esa persecución implacable, ese diluvio de injurias, infamias y calumnias contra el obispo y la iglesia, capaces de publicar, con la convicción más errónea, el mayor de los engaños, la tesis trastornada de que él engendró una fórmula para explotar a los pobres, lo lamento con una profunda amargura. Ciertamente, no conocen a la Iglesia Universal, quiénes somos, de dónde venimos.
Puede ser que en alguna de nuestras iglesias, sea en Brasil, África, Europa, Asia o en cualquier parte del mundo, alguien, algún día, haya colocado sobre el altar un sacrificio tan grande como el de él, pero no mayor. Él ofreció todo lo que tenía, su propio empleo sin ninguna garantía, sin ninguna esperanza, sino por la fe.
Un mes después, nació su segunda hija y fui por la mañana a visitarla al hospital de Iaserj. Ella había nacido con labio leporino y los bebes así, son flacos, con ojeras, con el rostro deformado. Una herida abierta en la boca, sin una parte de los labios, con un surco en el paladar, que hace imposible el amamantamiento, pues no pueden succionar, se ahogan y padecen mucho. Fueron días, meses, años de un sufrimiento atroz.
En el camino de regreso, de la plaza de la Cruz Roja hasta el Largo de la Gloria, caminando a lo largo de la calle del Riachuelo, cada paso era una lágrima. Como Habacuc, me preguntaba: ¿por qué? ¿Por qué un hombre pobre, pero fiel diezmista, en el momento supremo de su existencia, cuando resuelve dejar su empleo, su sustento, para predicar la Palabra, recibe como premio un castigo, y de los peores? Yo no sé si existe un dolor mayor para un padre que ir a la sala de neonatología de un hospital, sólo para ver, sólo para constatar que su hija es la única enferma, la única herida, frágil, sufriendo y llorando, mientras que las de los otros son bonitas.
Y como siempre, en los momentos graves, mi familia se reunió en la casa de mi abuela. Él llegó a la tarde. Estaba, naturalmente, muy triste, pero dijo dos cosas que guardé. La primera: “Me va a gustar más esta que la otra”.
La otra, a quien se refería, era su primer hija, una criatura muy hermosa. No creo que sea posible gustar más de un hijo que de otro, pero había un significado más profundo en aquella expresión. Era mucho más que un padre intentando compensar, proteger, derramar su dolor.
Más tarde, verifiqué que la esencia de aquellas palabras se reflejaría en el surgimiento y en la actuación de la Iglesia Universal, que está decididamente abocada a gustar más del que sufre, del afligido y del necesitado. Y luego se comienzan a buscar las almas perdidas en las encrucijadas, en las villas, en los terrenos, en los manicomios, en las catacumbas de los vicios, en la miseria de las drogas, en la falencia de los hogares destruidos. Y salones, galpones, cines comienzan a llenarse de enfermos, pobres, desempleados, afligidos, endemoniados en búsqueda de alivio y liberación. El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz.
La segunda cosa que dijo fue: “no voy a ponerme rabioso con Dios. Voy a ponerme rabioso con el diablo. Ahora mismo es que voy a invadir el infierno para rescatar las almas perdidas”.
Allí ya no era más un muchacho cualquiera, oscuro y anónimo. Allí nacía un líder. Nacía también un pueblo capaz de enfrentar los mayores desafíos, las persecuciones más duras y virulentas. Un pueblo de fibra y fuerza, que no se rinde, que no se agacha, que no huye de la lucha ni teme un sacrificio. Un pueblo con la mirada clavada en las promesas de Dios para buscar en el horizonte la perspectiva iluminada de su destino, determinado, forjado, sellado por la fe en Dios. ¡Y eso porque, en el momento más difícil, más cruel, más duro, un justo vivió por su fe!
La Iglesia Universal no surgió con la deliberación de una asamblea de hombres ilustres, o de un consejo director o de una fundación de notables. Ni tampoco fue subsidiada, patrocinada, bancada por recursos del Gobierno o de un millonario caritativo. Esa iglesia es la respuesta simple, directa y fiel de un Dios que honra la fe, la indignación y el sacrificio.
La frase, “no voy a ponerme rabioso con Dios. Voy a ponerme rabioso con el diablo” marca la indignación de la fe. Si se pusiese rabioso con Dios, sería rebelión. Y el resultado, un océano de fracaso, un Himalaya de frustración. Los rebeldes culpan a Dios por los infortunios de la vida. La rebeldía tiene formas distintas y sutiles de manifestarse. Algunos rebeldes enfrentan los mandamientos, desafiando a Dios con sus pecados y crímenes. Otros manifiestan una indiferencian fría y distante con las cosas de Dios, convirtiendo su propia vida en un inmenso desperdicio de tiempo y en una triste historia de mediocridad. Están también los fariseos, que son los rebeldes de la iglesia, que conocen la Palabra, pero no la practican.
Abraham se indignó cuando vagaba en el desierto, esperando la promesa que tardaba en llegar. Mientras tanto, nunca se rebeló. Moisés se indignó con la esclavitud de su pueblo como Josué se rebeló cuando en la tierra prometida encontró murallas y gigantes. Pero no fueron rebeldes. David se indignó contra las ofensas de Goliat. Job, el más indignado de todos, que en el ápice de su sufrimiento maldijo el día en que nació, jamás se rebeló. Él continúa siendo, a través de los tiempos, el ejemplo más vehemente de lo que un hombre es capaz de soportar y vencer cuando es movido por su fe. Y fue en su sacrificio que Dios le restituyó siete veces más.
La vida del justo no es la vida del convento, del monasterio en lo alto del monte, de la santidad absoluta. Es la vida de la fe, de las luchas del día a día en la llanura de la vida. Con sus virtudes y defectos, sufriendo injusticias y persecuciones, como oveja entre lobos, que a veces llora, pero sabe que será consolado, que tiene sed y hambre de justicia y cree que será saciado. Gente simple y humilde con la mayor sinceridad de su alma. Que pone la mano en el arado y no mira hacia atrás, cueste lo que le costare, duela lo que le doliere. Que no se achica, que no se acobarda. Hijos de la fe, de la indignación y del sacrificio.
Publicado por Obispo Edir Macedo





