"No elegimos venir al mundo, pero tenemos derecho de elegir donde vivir la eternidad."
4
Abr2010

Misterios de la Fe IV

Vea también:

- Misterios de la Fe I

- Misterios de la Fe II

- Misterios de la Fe III

Publicado por Obispo Edir Macedo

17
Mar2010

Carta de perdón al Obispo Macedo

¡Obispo Macedo!

Mi nombre es Mara, y espero ardientemente que este e-mail llegue hasta usted. Conocí el trabajo de la Iglesia Universal hace más o menos 10 años. Yo participaba de las cadenas, concurría una o dos veces por semana, todo dependía del propósito presente. Obtuve bendiciones, daba ofrendas y también el diezmo, a mi manera. Pero todo con mucha reserva, mucha precaución, apenas como oyente. No quería compromiso.

Hace más o menos un año y medio, resolví colocar mi vida en el altar y entregarme verdaderamente, 100% bajo la palabra de Dios.

¡Oh obispo! Todo empezó a suceder en mi vida, incluyendo hasta a usted en esto, que ni sabe de mi existencia. Ni yo imaginaba que hace un año y medio estaría escribiéndole a usted.

Todo ocurrió cuando decidí sacrificar en la Campaña del Monte Sinaí. Sacrifiqué, de verdad, mi todo. Usted sabe como fue. Fui sanada de una enfermedad en los huesos, que no tiene cura. Era un dolor insoportable. Ella simplemente paseaba por mi cuerpo. A cada minuto, a cada segundo estaba en un lugar diferente. Yo sentía muchos dolores. La enfermedad se llama fibromialgia. Tomé remedios muy fuertes, hice varios tratamientos, estuve en cama por un tiempo y los médicos decían que así tenía que ser, tenía que aprender a convivir con el dolor. Conviví con ella por más o menos 8 años de lucha. También tenía un problema en el intestino.

Dios me curó y restauró mi salud. Lo gracioso es que cuando me di cuenta ya estaba curada. Y así Dios continuó trabajando: libro a mi hijo de la muerte, de un accidente donde el auto quedó como un acordeón. Solo quedó intacto el lugar en donde él estaba, al volante. La policía no podía creer lo que había sucedido.

Viviendo en Florida (Estados Unidos), concurriendo a la Iglesia en Orlando, bajo los cuidados espirituales del pastor, fui liberada y mí marido también. Hoy, tenemos el Espíritu Santo, somos obreros y mi familia está en la presencia de Dios. El día 7 de marzo, en la Iglesia en Orlando, en un determinado momento del culto, yo estaba orando y el pastor Jean me llamó y dijo: “Usted va a dar un testimonio”. Yo le respondí: “¿Yo?”. Él dijo: “Siiiii”. Pensé: “¡Y ahora!” El entonces me llamó para ir delante del altar, donde estaba el “obispo Macedo”. ¡Ahí es donde entra usted!

Sabe, obispo, durante una parte de mi vida yo tenía una verdadera aversión a usted. No podía ni siquiera oír hablar su nombre. Yo me refería a usted como un corrupto y otras cosas. Recuerdo que decía: “No puedo ni oír su voz”, era cada vez peor! Ha algunos años, usted estuvo en Elizabeth, New Jersey, cerca de donde vivíamos. Mi hija dijo: “¿Vamos madre? Va a ser una tarde de bendiciones. ¡El obispo va a estar presente!” Yo le respondí: “¿Estás loca? ¿Voy a salir de mi casa, de mi comodidad para afrontar esa multitud, sólo para ver al obispo Macedo? Para ver al obispo Macedo... jejejeje... ¡yo ir a ver a ese!” ¿Quién se piensa que es?

Detalle: una de las bendiciones que obtuve fue que mi hija fue a la Universal, donde está hace ya muchos años. Mi problema no era la Iglesia, y si el obispo Macedo. Por lo menos era lo que yo creía.

Volviendo al testimonio, quede allí parada, tomé la mano de mi marido y subimos en el altar. Cuando llegué cerca de usted, paso algo que realmente no esperaba. No conseguía hablar. Mi voz no salía. Lo oía preguntar, pero no conseguía responderle. Lo que respondía, no se podía entender. ¿Sabe por que? La presencia del Espíritu Santo era muy fuerte, avasallante. La certeza de su unción, la certeza de que usted es un escogido de Dios. El Espíritu Santo estaba contestando mis oraciones, en que siempre pedí que me lo mostrara. No lo esperaba en aquel momento y mucho menos delante de usted. Yo no podía reaccionar. Quede completamente anestesiada. Fue un éxtasis completo; fue muy fuerte. La voluntad de pedir perdón era muy grande, pero no sabia si podría hacerlo allí en aquel momento, por eso, no conseguí dar mi testimonio. Quede inconforme, lloré, fui a casa. Pasó el día y no me conformaba. Me senté a la noche y resolví escribirle.

Hoy, le pido perdón y que usted pueda perdonarme por las piedras que le tiré, sin siquiera conocerlo y sin haber nunca oído su voz.

Agradezco a Dios la oportunidad que Él me dio y me ha dado. Son pocos los que verdaderamente tienen esa oportunidad que tuve. Gracias, obispo Edir Macedo, por haberse colocado como barro en las manos del alfarero, porque sólo nosotros hemos ganado con eso.

¡¡¡Perdón!!!
Gracias, Espíritu Santo, por la oportunidad y por tantas bendiciones. Que Dios los bendiga cada vez más.

Mara Lucia
IURD Orlando

Publicado por Obispo Edir Macedo

12
Ene2010

Ex “mai de santo” pide perdón

El testimonio que sigue a continuación fue responsable por la conversión y salvación de varias almas:

Nacida en Minas Gerais, el 10 de febrero de 1941, Roseli Silva siempre tuvo una vida de muchas luchas. A pesar de haber sido rechazada en el vientre y entregada a su abuela paterna para su crianza, Roseli creció saludable, siempre apta para el trabajo duro.

A los 18 años se casó y enseguida tuvo tres hijos. Después de un tiempo, Roseli ya tenía su propio centro y cada día su dedicación a los espíritus inmundos, cuyos nombres no vale la pena mencionar, aumentaba. Además de hacer los trabajos espirituales, ella veía, oía y conversaba cara a cara con quien se proclamaba jefe del infierno.

A pesar de no cobrar nunca la consulta, ella seguía haciendo trabajos espirituales para ayudar a los que la buscaban.

Hasta que un día, viendo el noticiero por la televisión, vio una nota sobre el encarcelamiento del obispo Edir Macedo. Indignada, creyendo que el obispo era culpable de todas las acusaciones, y que estaba actuando de mala fe para con otros, resolvió hacer un trabajo definitivo para matar al obispo, ahí mismo, dentro de la prisión. Primero, ella quiso saber cuáles eran las verdaderas intenciones del obispo, sus acciones en el pasado y en el presente, para tener certeza de si él era o no culpable.

En caso de que fuera culpable, estaba ordenada su muerte en tres horas; en caso de que fuera inocente, debería ser liberado dentro de las mismas tres horas. Sus órdenes eran siempre seguidas al pie de la letra por el diablo.

Mientras tanto, algo inédito y muy curioso sucedió. La vela que ella había encendido no permanecía encendida. Ella la encendió tres veces y, a pesar de no haber ninguna brisa, continuaba apagándose. Fue ahí que, buscando respuestas, le preguntó al diablo, que le apareció cara a cara: “¿Por qué la vela no permanece prendida y ese tal obispo todavía vive? Luego, el demonio, conocido por el nombre de Lucifer, respondió: “No puedo tocar en él”.

“¿Cómo es eso?”, preguntó ella. “En este, yo no puedo tocar”, repitió él. “¿Y por qué no?”, preguntó nuevamente. “Porque él es justo. Él no está en falta”.

Al reconocer que había Uno que era mayor que aquel con el cual ella trabajaba, Roseli se indignó, pero el diablo siguió hablando: “Y es más, vine aquí también por última vez para darte un recado. De hoy en adelante, no tengo más nada contigo y cuando vayas para aquella Iglesia, que yo odio, y te pongas aquel uniforme de sangre, te estaré vigilando porque en tu primer desliz, te agarro, porque la cosa que mas detesto es perder un alma con el Grande”. Enseguida ella le respondió: “Entonces, de hoy en adelante, somos enemigos”.

Mientras sucedía eso, su asistente la llamaba para informarle que el hombre para el que había hecho el trabajo de muerte había sido liberado. Así fue confirmada para ella la inocencia del obispo Macedo.

Luego, entonces, ella pidió que fuera hecha justicia a los que tramaron en contra de él.

Sin perder tiempo, Roseli se deshizo de sus utensilios de macumba y, cuando se dio cuenta, estaba dentro de una Iglesia Universal, en Goiânia. Aún sin entender mucho lo que sucedía, ella cuenta que dentro de la Iglesia había muchos espíritus inmundos, pero, no estaban tan atrevidos, dando órdenes o gritando. Ella observó que muchos de ellos estaban de rodillas, atados, obedeciendo lo que el pastor Israel les estaba ordenando.

Observó también que estaba uno de los jefes del infierno volando por arriba del altar alrededor del pastor. Ella, en su simplicidad, comenzó a hablar con aquel demonio y le preguntó: “¿Por qué no le das una patada en la boca a ese hombre que está diciendo eso y aborreciéndome tremendamente?”. Él respondió: “No puedo”. “¿Por qué?”, ella siguió preguntando. “Él está con el estómago vació. No comió ni tomó nada. Hasta yo, si le doy un golpe, ¿lo hago caer? No puedo tocarlo porque no está en falta. Pero, yo se todo lo que le gusta y lo voy a poner en la puerta, a la salida de la Iglesia”, respondió con mucho odio aquel que permanecía alrededor del pastor.

Aquel día, comenzó el proceso de liberación de Roseli. A través de su obediencia a la Palabra de Dios y a los consejos de los pastores, ella perseveró en conocer a aquel Dios que protegió al obispo de su trabajo espiritual. Su liberación no tardó mucho y, en poco tiempo, la Sra. Roseli estaba también bautizada en las aguas y en el Espíritu Santo.

Aún sabiendo que Dios ya había perdonado sus errores del pasado, la Sra. Roseli traía en su interior el sueño de pedirle perdón al obispo Macedo. Dios realizó su sueño y, como muestran las imágenes, ella tuvo la oportunidad de, personalmente, pedirle el tan esperado perdón al obispo Macedo, a quien, hoy en día, ella escucha constantemente, ora por él y por su familia.

Hoy en día, ella tiene placer de dar su testimonio para ganar almas para el Reino de Dios, siendo yo una de ellas. Llegué a la Iglesia enferma, en los vicios del alcohol, drogas, cigarrillos, seguidora de varias sectas, y también enviciada en la cartomancia, sin dinero, sin trabajo y sin casa.

¡Hoy, estoy libre, saludable, bien casada, feliz y próspera, Gracias a Dios!

Como dijo la Sra. Roseli: “Jamás saldré de la Iglesia Universal. Aunque el obispo Macedo saliera, lo que es imposible, de ella yo jamás saldré porque conozco la verdad. Sé que estoy viva debido al esfuerzo, dedicación y a la obediencia de él y de sus pastores a la Palabra de Dios”.

Por Rosana Wolters

Publicado por Obispo Edir Macedo

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