"No elegimos venir al mundo, pero tenemos derecho de elegir donde vivir la eternidad."
6
Feb2010

Homosexualidad

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He leído todos los comentarios de este blog. Los que están a favor y los que están en contra. No me sorprendo cuando las personas que son locas a la verdadera fe cristiana nos critican. ¿Si lo hicieron con Jesús, no lo harán con Sus siervos? Pero lo que me deja perplejo es el gran grado de insensatez entre aquellos que usan textos bíblicos para condenar a los homosexuales. ¿Será que la Biblia corona jueces? ¿Será que por ser discípulos de Jesús somos automáticamente elevados a la condición de perfectos al punto de juzgar y condenar a los homosexuales, por ejemplo?

Infelizmente, uno de los factores que más ha impedido a las personas de conocer al Salvador y entender el mensaje del Evangelio es justamente la prepotencia de muchos miembros de iglesias, que se juzgan creyentes y seguidores de la Palabra, y que son capaces de extender la mano para apuntar, criticar o agredir al prójimo, pero nunca como una señal de amo, un gesto de respeto al ser humano.

La persona prejuiciosa tiende a partir del principio de que ella misma es el modelo ideal de ser humano, condenando a la exclusión social a todos los que aparentemente son diferentes a ella. Un “cristiano” que practique cualquier acto de rechazo contra otra persona es una paradoja. Él no sólo excluye a su prójimo socialmente, sino que le saca la posibilidad de conocer la compasión Divina; lo excluye de alcanzar la salvación.

La única forma de presentar el amor de Dios, principalmente en hacia aquellos que son excluidos, es materializando este sentimiento en gestos verdaderos de atención, respeto, solidaridad e inclusión. Sólo así estaremos practicando su orden: “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6:36).

La misma Biblia que condena la homosexualidad, condena cualquier otro tipo de pecado, pero el Señor Jesús acoge a todos, sin distinción. Si condenásemos a los homosexuales, entonces nos tendremos que condenar a nosotros mismo. Pues, ¿quién está libre de pecados? ¿Cuál es la diferencia entre pecadito y pecadote? Dios no hace esa distinción.

La imagen que las personas venden de sí mismas pueden hasta convencer a otras personas sobre la santidad que se pretende aparentar, pero Dios percibe lo que está en su interior y eso no hay cosa que lo disfrace.

Jamás voy a defender la homosexualidad, pero siempre tendré fe para ayudar a homosexuales cuanto heterosexuales que estén dispuestos a poner sus dolores, sufrimientos y debilidades a los pies de Aquel que quiere salvarlos. Sólo no tengo fe para soportar hipócritas.

Para los creyentes cabeza duras recomiendo meditar:

“Dios nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Corintios 3:6)

Publicado por Obispo Edir Macedo

11
Feb2009

Tentación y Pecado

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Muchos que han caído en tentación alegan diciendo: la carne es débil… como si eso justificase el pecado.

De hecho, lo que el Señor dice a este respeto tiene por objetivo estimular la atención permanentemente para no entrar en tentación. Es decir, que jamás haiga una distracción de fe que le haga salir del ambiente. Porque cuando se sale del ambiente de la fe, se entra en el ambiente de la duda y, consecuentemente, de la tentación. Por tanto, hay que vigilar y orar para no entrar en el clima de la tentación.

Escoger sus compañías hace mucha diferencia en este Aspecto. Otros han caído en tentación y se justifican colocando la culpa en terceros. Fue la actitud de Adán delante de Dios, cuando culpo a Eva por su caída.

Nadie debe apuntar sus pecados apuntando a terceros, ni mismo al diablo. Porque eso no lo librará de la muerte eterna.

Cada uno es tentado por su propia codicia, cuando es atraído y seducido. (Santiago 1:15)

Cada uno es responsable delante del Altísimo por sus propios errores. En el juicio final cada uno será juzgado individualmente de acuerdo con sus propias obras. El argumento de debilidad no justifica el pecado porque Dios no permite la tentación más allá de la capacidad de resistencia. (1 Corintios 10:13)

El pecado genera duda;

La duda neutraliza la fe,

Y sin fe es imposible agradar a Dios.

Allí esta la razón porque el pecado mata. ¡Ni siempre de una vez! En la mayoría de las veces, es poco a poco…

Publicado por Obispo Edir Macedo

11
Dic2008

El sacrificio libera la fe

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Uno de los miembros de la IURD en África fue la mano derecha de un determinado líder revolucionario. Él nos contó varias barbaridades cometidas por el jefe durante el período de la revolución.

Siempre que conquistaban una villa o ciudad, dependiendo del grado de importancia de la misma, eran hechas ofrendas de sacrificios humanos.

Luego, después de su entrada en la ciudad, inmediatamente encendían una enorme hoguera. En seguida, los soldados arrancaban niños inocentes de los brazos de sus madres y las arrojaban vivas al fuego.

Era el precio cobrado por las entidades espirituales a quien él servía.

Pero la historia continua registrando varios tipos de sacrificios humanos hechos en búsqueda del éxito a cualquier precio.

En una entrevista con la BBC, el ex rebelde liberiano Milton Blahyi, comandante durante la guerra civil en Liberia, hoy pastor, admitió haber participado de sacrificios de chicos inocentes como parte de las ceremonias tradicionales para garantizar la victoria en las batallas.

Israel fue el primero en aprender el valor de los sacrificios, no humanos, pero sí de animales, ofrecidos antes de las batallas. Ellos daban la seguridad de la victoria. Por esto los soldados eran envalentonados a luchar, porque tomaban posesión de la certeza de la victoria.

Los sacrificios del pueblo judío cesaron después de la destrucción del Templo en el año 77 de la era cristiana. Desde entonces, Israel aguarda ansioso su reconstrucción para volver a la práctica de los sacrificios.

El hecho es que el sacrificio siempre fue una forma de expresión de fe y confianza. Él despierta la fe acomodada, adormecida, monótona o fría… Como un acto de exclusivamente fe individual, el perfecto sacrificio obliga a que el Fuego de Dios descienda para consumirlo.

Para los que creen en el poder del sacrificio, él ha sido el secreto de la victoria por la fe. Aún hoy, quien quiera ser feliz, necesita vivir la fe del mayor Sacrificio. El sacrificio de abandonar el pecado y entregar toda la vida en el altar de Dios.

Publicado por Obispo Edir Macedo

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