"No elegimos venir al mundo, pero tenemos derecho de elegir donde vivir la eternidad."
9
Mar2010

Sexo con lucifer – Capítulo 4

>Lea también los capítulos 1, 2 y 3


Volví al baño y me senté nuevamente donde mi vida estaba, ¡en el sanitario! Cuando fui a tomar la “actitud”, la voz de Dios fue mayor que todo lo que ya había “escuchado”, (mi hermano ya buscaba fervorosamente por mi en la IURD de Botafogo). No sé cómo explicarlo, pero fue demasiado fuerte. Sentí un temor tan grande que en el momento perdí el valor. Hoy, se que fue mi salvador Jesucristo. Yo lo sentía muy fuerte “decir”: “¡No haga eso jamás! ¡Su vida tiene solución!” Y entonces, el tal “hombre” en ese instante desapareció. Fui a la cocina y coloque los remedios sobre la mesada junto al vaso de agua y fui a dormir. Me imagino que el Espíritu Santo, a través de las oraciones de mi hermano, haya trabajado en mí durante el breve sueño, pues, dos horas después de acostarme completamente ebria, me levante y me fui hasta la cocina a tirar los remedios.

Nunca le di la oportunidad a mi hermano de hablarme de Jesús. El nunca me evangelizó, además, nadie, porque el odio por la iglesia, principalmente por la Universal del Reino de Dios, era terrible. Cuando le hablaba de mi lamentable vida, él tomaba la Biblia, y yo decía: “¡Otra vez con esa cosa No me importa nada eso!”

Al día siguiente, un domingo (yo odiaba los domingos), desperté físicamente, porque estaba muerta y enterrada en mi propia derrota. Un vació tremendo, el alma dolía mucho, entonces, la voz del “hombre” volvió: “No lo lograste. Tu vida empeorara. Toma el arma de ese hombre y pégate un tiro en la cabeza. Y luego me veras.” El hombre a quien él se refería era mi esposo, que es policía.

Quede con aquella idea fija el domingo entero. Imagino que mi hermano estaba en la Iglesia orando por la familia y, por eso, yo no haya consumado el hecho.

Paso un terrible día pero el lunes no fue diferente. Las sugerencias eran cada vez más fuertes, hasta que llamé a mi hermano y atendió mi madre. Yo la ofendí gratuitamente lo mas que pude y le dije que si algo le pasara a mí y a mi hija, que nadie se sintiera culpable. Dije que nadie me amaba, ni Dios, porque ni siquiera servía para morir. Ni Él me quería porque si Él realmente existiera, yo no estaría pasando por todo esto. Fue entonces que mi hermano, como nunca había conseguido, me habló de Jesús. En principio, rechacé aun más la Iglesia Universal, tanto que cambiaba de vereda para no pasar por la puerta. Diezmos, ofrendas, ¡ah que odio tenía! Pero, pero una vez, el Espíritu Santo prevaleció y después de mucho esfuerzo fui. Insultando y hablando obscenidades, pero fui. Le pedí a mi hermano que me fuera a buscar (yo vivía del otro lado de la calle), pues no tenía fuerzas para más nada, y le dije así que llego: “¡Solo te digo una cosa, no se para que voy a ese lugar. ¡No creo más en nada, en nadie y ni en Dios! Yo odio esa iglesia. Realmente, debo estar loca de ir ahí, pero esa es la última puerta que voy a tocar. ¡Y si no me sirve, voy a matarme de una vez! Nadie me lo va a impedir!” ¡Y GRACIAS A DIOS, FUE LA ÚLTIMA PUERTA!

Eso paso el día 3 de abril del 2000. ¡Voy a hacer 10 años de vida! Ese día, me acuerdo de la ropa que usaba, de la alabanza que cantaba (“Asegúrate de la mano de Dios...”), de la prédica. Quede muy aturdida con las personas orando “alto”. Aquello parecía enloquecerme, pues el dolor de cabeza que yo tenía era más fuerte, como nunca había sentido, pero salí de allí con algo adentro de mí, que nunca, en 33 años (edad que tenía en ese momento), yo había sentido. ¡Allí, encontré verdaderamente al Dios que por toda mi vida busqué!

La entrega de mi vida es muy poco comparado a lo que el Señor hizo (y hace) por mí. Hoy, tengo 43 años, soy una nueva criatura, estoy liberada y bautizada con el Espíritu Santo. Estoy preparándome para ser una obrera por la infinita misericordia de Dios. Mi pacto ahora es con el Señor Jesús de servirlo hasta la muerte o hasta Su venida.

Esa es una parte de mi historia.

Estoy a disposición para lo que sea necesario.

Agradezco la oportunidad de poder evangelizar a multitudes con mi testimonio.

claudia-diniz1

Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro (RJ)

Publicado por Obispo Edir Macedo

9
Mar2010

Sexo con lucifer – Capítulo 3

Lea también los capítulos 1 y 2

Fuimos recibidos con torta de maíz. Hablaron toda nuestra vida. En ese momento, quedamos maravillados: “Caramba, nunca nos dijeron o hablaron todo lo que estábamos pasando. ¡Que estupendo!” Y una vez más, allí estaba yo, como centro de todo, ayudando a recoger almas para al infierno.

Comencé a trabajar directamente incorporando los espíritus y de allí fui a servir en la umbanda, candomblé, quimbanda, magia negra. Hice pacto con el diablo con sangre derramada sobre mi cabeza. Muchas veces era poseída por varios espíritus en una sola noche. Tomaba cachaza (de la mas fuerte), cerveza (cualquier marca), bebidas dulces y cuando volvía en sí, no estaba ebria, pero el deseo de beber aumentaba y bebía “sola” allí mismo en centro espiritista. “Recibía” todas las “entidades”, pero había una mujer que tomo posesión de mi. Todo lo que yo decía, comía, vestía, calzaba, la marca de cigarrillo que yo fumaba, los hombres con quien salía, todo era comandado por ella. Perdí mi identidad y lo peor, no me había dado cuenta de eso.

En 1997, quedé embarazada de ese hombre y tuve una niña, entonces, todo empeoro. Fuimos a vivir juntos 15 días antes del nacimiento de mi hija (en 1998). Durante el embarazo fui despreciada y, cuando fuimos a vivir juntos, el infierno se transfirió adentro de mi hogar. El me traicionaba, llegaba a la casa todos los días ebrio, con el día amaneciendo. Las peleas eran constantes, insultos, agresiones verbales, (hubo hasta una física). Yo tomaba el cuchillo y le decía que lo iba a matar.

Embarazada deje de ir al centro espiritista, pero mantenía “contacto” con todos ellos. El altar en mi casa era lo principal. Volaban murciélagos por encima de las ofrendas que yo colocaba en la habitación. Era una humillación. Finalmente, mi vida perdía todo el sentido y el deseo de morir era diario.

En 1999, fue el año de mi derrota total. Comencé a ver una sombra oscura de un hombre con gorro en mi habitación cerca del perchero. Adonde estuviera sentía pasos atrás mío, pero en casa era más fuerte. Oía que llamaban por mi nombre y cuando contestaba, no era nadie. Yo tenía miedo y él me decía que si girase lo vería. Él me decía: “Deja ese hombre, mata a tu hija y quítate la vida. Tu sabes que después de la muerte podrás ir a un lugar lindo donde todo tu sufrimiento va a terminar.” Y yo miraba a mi hija – tan solo un bebe – y pensaba en matarla.

Con toda mi formación académica, cada día yo estaba peor, desempleada, destruida, llena de deudas, muerta por dentro con un dolor que agobiaba mi alma. Dolía mucho. Nada, nada, nada, llenaba aquel dolor. Ella aumentaba a cada día con extrema crueldad dentro de mí.

Ese espíritu se acostaba conmigo y teníamos sexo. Muchas veces, yo pensaba que lo había hecho con mi esposo, pero no, me levantaba para verlo y estaba en otro lugar de la casa. Sentía el peso de un hombre sobre mi y despertaba satisfecha sexualmente. Eso era toda la noche y con frecuencia. Por esa razón, mi matrimonio fue quedando cada vez peor. Imagino que cuando eso ocurría, yo estaba dormida, pero confieso que no sé, porque mi vida ya no me pertenecía, era de “ellos” y así andaba las 24 hs. poseída.

Ya había dejado la umbanda, candomblé, quimbanda, y fui a un centro de mesa blanca de nombre muy conocido. El libro del evangelio según el espiritismo era mi libro de cabecera. En el, aprendía a convivir con el dolor, a hacer caridad, sobre el “karma”, y que había nacido para sufrir, y que mi vida era fruto de mi vida pasada. ¡Ridículo, absurdo!

Un sábado, con el intento de salvar mi matrimonio, le pedí a mi amada madre que quedara con mi hija para que podamos ir a un restaurante. Cuando volvimos, estábamos a punto de matarnos. Las peleas comenzaban de la nada. Ese día, me golpeo y salí a la calle como una loca, buscando “amigos” para seguir “emborrachándome”. Felizmente no encontré a nadie y volví a casa a los gritos (eran como las 4 de la mañana). Los vecinos nos tenían mucho miedo y no hablaban. El “hombre” junto a mi, siempre abusándome.

En aquella misma madrugada, mi esposo fue a dormir muy tomado y yo a llorar (como era de costumbre). Fui al baño y los espíritus fuertemente me inducían al suicidio. Ya no era la primera vez, pero esa fue la última jugada. El vino hasta mi y dijo: “Toma todos los remedios del cajón, en especial los vencidos, y tómalos todos de una vez. Tú necesitas morir para descansar. Tu hija ya esta criada (ella solo tenía 1 año y 9 meses), ese hombre te odia, no tienes a nadie. Solo me tienes a mí. Vamos, coraje, hazlo de una vez y termina con tu sufrimiento de una vez por todas.” Hice lo que me ordeno. Prepare todo y fui hasta la cocina por un vaso de agua (detalle, me había alcoholizado la noche entera).

Continua...

Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro

Publicado por Obispo Edir Macedo

7
Mar2010

Sexo con lúcifer – Capítulos 1 y 2

¡Volver al terrible pasado de mi vida solo es válido para glorificar a Dios, entonces vamos!

Desde el vientre materno, por pura ignorancia espiritual de mi abuela materna, fui ofrecida a los espíritus, los cuales se decían de “luz” (como siempre hacen).

Tuve una infancia humilde, pero nunca nos falto el pan. Mi padre, siempre muy trabajador (como lo es hasta hoy), y mi madre, ama de casa. Ambos sin vicios. Nunca tuve ningún mal ejemplo que al menos intente justificar toda mi loca vida cuando me volví adolescente.

A los 16 años, me descomponía en la calle y entonces comencé a ir a un centro espiritista de “mesa blanca”. Los tales “ancianos e indios de luz” decían que ya era hora de “desenvolver” y comenzar a hacer caridad, pues todo lo que recibía “de la gracia de Dios” debería pasar a mis hermanos de la misma forma. Así, comenzaba realmente la desgracia de mi vida.

En 1985, a los 18 años, me enamore de un joven. El era estudiante de medicina y yo, en esa época, estaba terminando la escuela secundaria. Me entregué a él. Éramos novios y teníamos planes para casarnos. Mi padre, que es un hombre muy serio e integro, nunca tolero los amoríos que yo tenía, pero este joven le agrado (realmente era un buen chico). Un día, de repente, él resolvió terminar conmigo y yo casi enloquecí (en esa época yo ya estaba en “desenvolviendo” con los espíritus). Caí en una profunda depresión, no me bañaba, no comía y vivía en una habitación oscura. Me acuerdo que para ir a la escuela muchas fueron las veces que dormía con el uniforme para no perder la clase. Cuando iba a la escuela (llevada por mi madre, de ómnibus) por padecer también el síndrome de pánico, quedaba como un bicho alejado al final de la clase sin decir una palabra. Mis amigas de clase desconfiaban de mis actitudes, pues era una chica muy “feliz”. Preguntaban a mi madre lo que me pasaba y ella decía: “Déjenla chicas, ella está muy enferma.”

Hice tratamientos con un psicólogo, pero dentro de mi nunca acepte depender de nadie y de nada. Tire los remedios y le dije a mi madre que, de ahora en adelante, yo me curaría solita. Pues bien, comencé a salir con más frecuencia con amigos, por las noches, bebía sin control (nunca dejando de ir a las sesiones espiritistas). “Recibía” a los espíritus en la calle, o en cualquier lugar. Yo no tenía dominio sobre ellos en mi vida. Cociente, los serví durante 19 años. Probé marihuana y cocaína, pero felizmente, no me gustaron los efectos. Exhalaba mucho desodorante. En los fines de semana era ley (época de discotecas).

Yo veía la tristeza estampada en el rostro de mi padre cuando llegaba en casa por la mañana, completamente ebria, y muchas veces, con una lata de cerveza. Entraba solamente para tomar mi delantal para ir a las clases de la escuela que termine solo Dios sabe cómo.

Parecía estar sanada. Comencé la facultad de Fonoaudiología en una estupenda Universidad en Río de Janeiro. Siempre bebiendo y fumando mucho, llena de “amigos” y cada vez más agresiva, prepotente, arrogante. Yo tenía una sensación de poder increíble y no le tenía miedo a nada y a nadie. Esto cada día crecía más y más dentro de mí. Por las noches, en primer lugar, servir a las “entidades” siempre.

El tiempo paso y a cada día yo me hundía más. Bebía tanto que todos los días al despertarme tenía ganas de quitarme la vida de tantas “borracheras”. Recuerdo que tenía una imagen de “Cristo” en la habitación. Yo charlaba con ella siempre y, rezando, pedía que no despertara mas el día siguiente. Cuando me despertaba, las ganas de quitarme la vida aumentaban y así fui “desenvolviendo” y destruyéndome.

Hombres casados eran mi preferencia. Si fuese soltero no lo quería. Tenía placer en sacar el marido de las mujeres y destruir matrimonios. Y lo peor es que, en la mayoría de las veces, yo lo conseguía, pero después los dejaba.

En 1992, a los 25 años, conocí a un hombre en un bar que iba frecuentemente (además, yo pasaba el día bebiendo) y fue entonces la consumación de mi derrota. Un “amigo” de la época nos presento y para variar, él era casado. Me gusto la idea y continué. El me dijo así: “¡Cuando termines con fulano (otro casado), tu vas a ser mía. Quise decir, ¡ya eres mía!” recuerdo que sonreí y no me dio mucha confianza, pero la semilla del infierno había sido plantada dentro de mi. Quedamos juntos como amantes hasta 1994, cuando su mujer descubrió todo (ya era su segundo casamiento). Y me pareció bien. Fui hasta la casa de ella, me senté en su cama y le dije a ella que a él no lo dejaría nunca; que se conformase en ser la otra. Lo mas increíble fue que acepto y me dejo ir. Hasta me acompaño a la portería para tomar un taxi.

Cree lazos con él. Viajábamos y dormíamos afuera casi todos los días. El la llamaba del motel y le decía que estaba trabajando. Yo me creía la mujer más maravillosa y poderosa, y me reía de ella. Comencé a beber vodka porque era la bebida preferida de él. En el inicio, con aquel refrigerio que todos conocen (la famosa y terrible cuba libre), pero durante la misma noche, la bebía pura. Teníamos un bar en el portaequipajes del carro de él. En esa época, comencé a escuchar voces y ver sombras y la vida cada vez más loca y desenfrenada.

En una de esas salidas nocturnas llenas de cigarrillo, bebida y prostitución, “recibí” un espíritu dentro de su carro. Él tenía un Fiat Uno Mille, y el panel termino destrozado, por los cortes de cuchillo. Su hijo tenía 7 años estaba con nosotros y había presenciado todo. “Yo” mande dejar al chico en cualquier “desfiladero”. Menos mal que él no hizo eso, pero el niño empezó a tenerme miedo. Quede poseída por ese espíritu más o menos de las 23 hs a 5 hs de la mañana. No recuerdo nada. Solo recuerdo cuando volví en sí. Yo estaba solamente con un short y sostén, en frente al portón principal del cementerio del barrio de Botafogo. ¡Allí, pedí la muerte! Entonces mi madre, como toda buena madre, queriendo ayudar a sus hijos, llamo a mi antigua mai de santo y le contó toda la historia. Inmediatamente ella mandó (no pidió, era una orden) que al día siguiente fuera allá, pues necesitaba volver a trabajar con los espíritus. Claro que obedecí y lleve de regreso a mi madre y a mi enamorado.

Continua...

Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro (RJ)

Publicado por Obispo Edir Macedo

25
Ene2010

Entrevista con lucifer

(Texto interesante, de autor desconocido, que circula por Internet)

¿QUIÉN LO CREÓ?
lucifer: Fui creado por el propio Dios, antes de la existencia del hombre. (Ezequiel 28:15).

¿CÓMO ERA CUANDO FUE CREADO?
lucifer: Vine a la existencia en forma adulta y, como Adán, no tuve infancia. Yo era un símbolo de perfección, lleno de sabiduría y hermosura y mis vestidos fueron preparados con piedras preciosas. (Ezequiel 28:12,13).

¿DÓNDE VIVÍA?

lucifer: En el Jardín del Edén, y caminaba en el brillo de las piedras preciosas del monte Santo de Dios. (Ezequiel 28:13).

¿CUÁL ERA SU FUNCIÓN EN EL REINO DE DIOS?
lucifer: Como querubín de la guarda, ungido y establecido por Dios, mi función era guardar la Gloria de Dios y dirigir el loor de los ángeles. Un tercio de ellos estaba bajo mi comando. (Ezequiel 28:14; Apocalipsis 12:4).

¿LE FALTABA ALGO?
lucifer: (reflexivo, bajó el tono de voz) No, nada. (Ezequiel 28:13).

¿QUÉ SUCEDIÓ QUE LO APARTÓ DE LA FUNCIÓN DE MAYOR HONRA QUE UN SER VIVO PUEDE TENER?
lucifer: Eso no sucedió de golpe. Un día, ve mi en las piedras (como espejo) y percibí que sobrepasaba a los otros ángeles (tal vez no a Miguel o a Gabriel) en belleza, fuerza e inteligencia. Comencé, entonces, a pensar cómo sería ser adorado como dios y pasé a desear eso en mi corazón. Del deseo pasé al planeamiento, estudiando la forma de afirmar mi trono encima de las estrellas de Dios y ser semejante a Él. En un determinado día intenté realizar mi deseo, pero terminé expulsado del Santo Monte de Dios. (Isaías 14:13,14; Ezequiel 28:15-17).

¿QUÉ DESENCADENÓ FINALMENTE SU REBELIÓN?
lucifer: Cuando percibí que Dios estaba por crear alguien semejante a Él y, por lo tanto, superior a mí, no pude aceptarlo. Manifesté, entonces, los verdaderos propósitos de mi corazón. (Isaías 14:12-14).

¿QUÉ SUCEDIÓ CON LOS ÁNGELES QUE ESTABAN BAJO SU MANDO?
lucifer: Ellos me siguieron y también fueron expulsados. Formamos juntos el imperio de las tinieblas. (Apocalipsis 12:3,4).

¿CÓMO TOMA AL HOMBRE?
lucifer: (con rabia) Tengo odio de la raza humana y hago de todo para destruirla, porque la envidio. Yo soy quien debería ser semejante a Dios. (1 Pedro 5:8).

¿CUÁLES SON SUS ESTRATEGIAS PARA DESTRUIR AL HOMBRE?
lucifer: Mi objetivo mayor es apartarlos de Dios. Los estimulo a practicar el mal y confundo sus ideas con un mar de filosofías, pensamientos y religiones llenas de mentiras, mezcladas con algunas verdades. Envío a mis mensajeros disfrazados, para confundir a los que quieren buscar a Dios. Vuelvo a la mentira parecida a la verdad, induciendo al hombre al engaño y a estar lejos de Dios, creyendo que está cerca. Y hay más. Hago que el mensaje de Jesús parezca una tontería anacrónica, intento estimular el orgullo, la soberbia, el egoísmo, la enemistad y el odio entre los hombres. Trabajo arduamente con mi séquito para debilitar las iglesias, lanzando divisiones, desánimo, críticas a los líderes, adulterio, dolores, frialdad espiritual, avaricia y falta de compromiso (se ríe a carcajadas). Intento destruir la vida de los pastores, principalmente con el sexo, el dinero, la ingratitud, la falta de tiempo para Dios y el orgullo. (1Pedro 5:8; Santiago 4:7; Gálatas 5:19-21; 1 Corintios 3:3; 2 Pedro 2:1; 2 Timoteo 3:1-8; Apocalipsis 12:9).

¿Y SOBRE EL FUTURO?
lucifer: (con semblante de odio) Yo se que no puedo vencer a Dios y me queda poco tiempo para ir al lago de fuego, mi prisión eterna. Mis ángeles y yo trabajaremos con afán para llevarnos al mayor número posible de personas con nosotros. (Ezequiel 28:19; Judas 6; Apocalipsis 20:10,15).

“COMO DICE EL ESPÍRITU SANTO: SI OYEREIS HOY SU VOZ, NO ENDUREZCÁIS VUESTROS CORAZONES.” (HEBREOS 3:7:8)

Publicado por Obispo Edir Macedo

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