Carta de perdón al Obispo Macedo
¡Obispo Macedo!
Mi nombre es Mara, y espero ardientemente que este e-mail llegue hasta usted. Conocí el trabajo de la Iglesia Universal hace más o menos 10 años. Yo participaba de las cadenas, concurría una o dos veces por semana, todo dependía del propósito presente. Obtuve bendiciones, daba ofrendas y también el diezmo, a mi manera. Pero todo con mucha reserva, mucha precaución, apenas como oyente. No quería compromiso.
Hace más o menos un año y medio, resolví colocar mi vida en el altar y entregarme verdaderamente, 100% bajo la palabra de Dios.
¡Oh obispo! Todo empezó a suceder en mi vida, incluyendo hasta a usted en esto, que ni sabe de mi existencia. Ni yo imaginaba que hace un año y medio estaría escribiéndole a usted.
Todo ocurrió cuando decidí sacrificar en la Campaña del Monte Sinaí. Sacrifiqué, de verdad, mi todo. Usted sabe como fue. Fui sanada de una enfermedad en los huesos, que no tiene cura. Era un dolor insoportable. Ella simplemente paseaba por mi cuerpo. A cada minuto, a cada segundo estaba en un lugar diferente. Yo sentía muchos dolores. La enfermedad se llama fibromialgia. Tomé remedios muy fuertes, hice varios tratamientos, estuve en cama por un tiempo y los médicos decían que así tenía que ser, tenía que aprender a convivir con el dolor. Conviví con ella por más o menos 8 años de lucha. También tenía un problema en el intestino.
Dios me curó y restauró mi salud. Lo gracioso es que cuando me di cuenta ya estaba curada. Y así Dios continuó trabajando: libro a mi hijo de la muerte, de un accidente donde el auto quedó como un acordeón. Solo quedó intacto el lugar en donde él estaba, al volante. La policía no podía creer lo que había sucedido.
Viviendo en Florida (Estados Unidos), concurriendo a la Iglesia en Orlando, bajo los cuidados espirituales del pastor, fui liberada y mí marido también. Hoy, tenemos el Espíritu Santo, somos obreros y mi familia está en la presencia de Dios. El día 7 de marzo, en la Iglesia en Orlando, en un determinado momento del culto, yo estaba orando y el pastor Jean me llamó y dijo: “Usted va a dar un testimonio”. Yo le respondí: “¿Yo?”. Él dijo: “Siiiii”. Pensé: “¡Y ahora!” El entonces me llamó para ir delante del altar, donde estaba el “obispo Macedo”. ¡Ahí es donde entra usted!
Sabe, obispo, durante una parte de mi vida yo tenía una verdadera aversión a usted. No podía ni siquiera oír hablar su nombre. Yo me refería a usted como un corrupto y otras cosas. Recuerdo que decía: “No puedo ni oír su voz”, era cada vez peor! Ha algunos años, usted estuvo en Elizabeth, New Jersey, cerca de donde vivíamos. Mi hija dijo: “¿Vamos madre? Va a ser una tarde de bendiciones. ¡El obispo va a estar presente!” Yo le respondí: “¿Estás loca? ¿Voy a salir de mi casa, de mi comodidad para afrontar esa multitud, sólo para ver al obispo Macedo? Para ver al obispo Macedo... jejejeje... ¡yo ir a ver a ese!” ¿Quién se piensa que es?
Detalle: una de las bendiciones que obtuve fue que mi hija fue a la Universal, donde está hace ya muchos años. Mi problema no era la Iglesia, y si el obispo Macedo. Por lo menos era lo que yo creía.
Volviendo al testimonio, quede allí parada, tomé la mano de mi marido y subimos en el altar. Cuando llegué cerca de usted, paso algo que realmente no esperaba. No conseguía hablar. Mi voz no salía. Lo oía preguntar, pero no conseguía responderle. Lo que respondía, no se podía entender. ¿Sabe por que? La presencia del Espíritu Santo era muy fuerte, avasallante. La certeza de su unción, la certeza de que usted es un escogido de Dios. El Espíritu Santo estaba contestando mis oraciones, en que siempre pedí que me lo mostrara. No lo esperaba en aquel momento y mucho menos delante de usted. Yo no podía reaccionar. Quede completamente anestesiada. Fue un éxtasis completo; fue muy fuerte. La voluntad de pedir perdón era muy grande, pero no sabia si podría hacerlo allí en aquel momento, por eso, no conseguí dar mi testimonio. Quede inconforme, lloré, fui a casa. Pasó el día y no me conformaba. Me senté a la noche y resolví escribirle.
Hoy, le pido perdón y que usted pueda perdonarme por las piedras que le tiré, sin siquiera conocerlo y sin haber nunca oído su voz.
Agradezco a Dios la oportunidad que Él me dio y me ha dado. Son pocos los que verdaderamente tienen esa oportunidad que tuve. Gracias, obispo Edir Macedo, por haberse colocado como barro en las manos del alfarero, porque sólo nosotros hemos ganado con eso.
¡¡¡Perdón!!!
Gracias, Espíritu Santo, por la oportunidad y por tantas bendiciones. Que Dios los bendiga cada vez más.
Mara Lucia
IURD Orlando
Publicado por Obispo Edir Macedo
Los dos juramentos
Dios hizo dos juramentos: uno para bendiciones y otro para maldición. El de las bendiciones fue dirigido a los de la fe constante; el juramento de maldición fue para los de la fe inconstante.
Y aquí está la gran diferencia entre cristianos y “cristianos”. Los que realmente creen, mantienen su creencia, cueste lo que costare. No importan las luchas y desafíos enfrentados en los desiertos de la vida. Hay una convicción íntima de victoria que los hace perseverar hasta el fin. En las cartas apocalípticas el Señor enfatiza la perseverancia como condición de la victoria.
Pero, para los “cristianos” de fe inconstante, por ejemplo la de los hijos rebeldes de Israel en el desierto, nada les queda sino recoger los frutos de la ira de Dios.
“… juré en mi ira: No entrarán en mi reposo” (Hebreos 3:11).
Publicado por Obispo Edir Macedo
El sentido del Sacrificio

Estamos viviendo un momento muy fuerte, en Brasil y en el mundo, con la gran campaña de la Hoguera Santa de Israel.
¿Para quién será mi sacrificio, y cuál es mi intención al presentarlo?
La raíz que da origen a la palabra sacrificio es, en latín, sacer. Esta raíz tiene el sentido de algo que no puede ser tocado. Entonces, pasó a significar: lo que pertenece al mundo de lo divino.
Sacramentum: en el comienzo, juramento prestado a Dios;
Sacrifícium: lo que es ofrecido a Dios y se vuelve sagrado. O el propio acto de ofrecimiento.
El estudio de las antiguas civilizaciones revela que todos los pueblos ofrecían sacrificios a Dios o a sus falsos dioses. En Roma, en África, en India, etc. En la Biblia, el sacrificio aparece luego del comienzo de la humanidad: “Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró el Señor con agrado a Abel y a su ofrenda” (Génesis 4:4).
En todos los grandes eventos, los hombres ofrecían sacrificios a Dios: Noé (Génesis 8:20); Abraham (Génesis 22:1); Moisés: (Éxodo 29:38 y Levítico).
El sacrificio es algo que forma parte de la naturaleza humana. Las personas sacrifican todo el tiempo, sea para sí mismas o para sus dioses, lo que debemos observar es a quién estamos presentando nuestro perfecto sacrificio y cuál es nuestra real intención al presentarlo. Es evidente que el sacrificio trae la respuesta de forma inmediata, pero tenemos que entender que el sacrificio no puede ser apenas un medio de liberación o una petición para una determinada situación, y sí también una forma de obedecer la voz de Dios y, sobretodo, adorar por medio de la fe sacrificial que exige renuncia y que estemos desprovistos y despojados de toda condición humana.
Hablar sobre el sacrificio no es para cualquiera. La palabra sacrificio tiene un peso muy grande y hasta mismo aterrador. Muchos líderes de iglesias llevan al pueblo al sacrificar, a través de campañas y propósitos, pero ni siquiera tocaban la palabra sacrificio, pues muchos de ellos tienen miedo de perder a sus adeptos diezmistas y ofrendantes. Por eso, predican en contra de la propia cruz, que es el mayor significado del verdadero sacrificio incondicional y desinteresado, sabiendo que atraerán para sí a los legos desinformados, débiles y dependientes siempre de terceros. Admiro a la Iglesia Universal y a su líder, el obispo Edir Macedo, y formo parte de este gran ejército universal, pues todos los que lo forman tienen experiencias respecto del sacrificio.
Todas las personas que llegan a la iglesia en esta época, con el alma saturada, llena de sufrimiento y dolor, se lanzaron de cabeza, porque estaban en una situación de vida o muerte y, porque no decirlo, entre la espada y la pared, presentaron a Dios sus sacrificios seguidos de pedido, adoración, gratitud por tener la certeza de que serían atendidas. Y el resultado a ese acto es obvio: tuvieron sus necesidades respondidas, pero, infelizmente, hoy, por estar suplidas, no perciben la necesidad de sacrificar.
“Hastiada está nuestra alma del escarnio de los que están en holgura, y del menosprecio de los soberbios” (Salmos 123:4).
En cada campaña de fe hemos madurado en lo que significa el sacrificio para nosotros, así como para cada hombre del pasado tuvo un significado diferente. Para unos, adoración, para otros, petición, para otros, agradecimiento y para Abraham, obediencia a Dios.
Debemos preguntarnos algo: “¿Para quién estoy presentando mi sacrificio? ¿Para hombres, para la institución Iglesia Universal del Reino de Dios o verdaderamente para Dios?”
Resumiendo: el sacrificio está en el ADN de aquellos que son nacidos de Dios.
“Y cuando ofreciereis sacrificio de ofrenda de paz al Señor, ofrecedlo de tal manera que seáis aceptos” (Levítico 19:5).
“Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio en ofrenda de paz al Señor para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria, sea de vacas o de ovejas, para que sea aceptado será sin defecto” (Levítico 22:21).
“Y al lugar que el Señor vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido al Señor” (Deuteronomio 12:11).
La iglesia del Señor Jesús, infelizmente, está partida al medio. De un lado, un pueblo débil y, del otro, un pueblo fuerte; de un lado, un pueblo vencedor y, del otro, un pueblo vencido. Y eso porque de un lado tenemos un pueblo puro, pero cobarde al sacrificio y, del otro, un pueblo impuro, lleno de disposición para sacrificar. Los testimonios serían inevitables.
“Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas” (Tito 1:15).
EL DÍA 13 DE DICIEMBRE ES EL DÍA DE ESCUCHAR LO QUE DIOS NOS ESTÁ PIDIENDO EN TODOS LOS ALTARES DE LA IGLESIA UNIVERSAL, EN BRASIL Y EN EL MUNDO.
EN LA FE,
Publicado por Obispo Edir Macedo
¿Por qué Abraham?

La elección de Abraham como patriarca principal sigue el criterio Divino en la creación. O sea, elegir lo mejor para generar lo mejor. Principio fundamental en la generación de calidad. Semilla de calidad, frutos de calidad.
El patriarca de la nación de Dios necesitaba tener un carácter como el de Job: íntegro y recto, temeroso de Dios y que huía del mal. Diferente de los demás de su época.
El carácter de Abraham en relación a sus contemporáneos lo calificaba para servir como generador de la nación de la que el Hijo de Dios iría a nacer.
A pesar de que su historia no registró ningún hecho milagroso extraordinario, su carácter testificaba a su favor, además de su fe.
Gran ejemplo de eso fue el rescate de su sobrino. En la ocasión, Lot había sido capturado y llevado cautivo. Abraham juntó sus hombres más capaces, nacidos en su casa y persiguió a los cuatro reyes que habían prevalecido contra cinco reinos, donde estaba Lot.
Abraham no sólo venció a los cuatro reyes, sino que liberó a Lot y a los cinco reyes que estaban encerrados. Además de eso, rescató todos las pertenencias robadas de los cinco reyes. Y como prueba de su carácter despojado devolvió todo a sus propietarios.
Todas las personas nacidas del Espíritu asumen su fe y, en consecuencia, tienen un carácter como el de Abraham.
También su lealtad a Sara, aún viviendo entre la corrupción del género humano, cumplía con el perfil para el proyecto del Creador. Ni la esterilidad de ella fue motivo para interrumpir su amor, fidelidad y consideración por todo el tiempo en que vivieron.
En la visión Divina, una persona capaz de amar, ser fiel y considerar a quien ve, también es capaz de hacer lo mismo en relación a Quien no ve.
El matrimonio de Abraham fue decisivo en su elección como Patriarca de la nación de Israel. Los dos necesitaban tener el mismo espíritu, la misma fe, el mismo objetivo.
Publicado por Obispo Edir Macedo
El ejemplo de Abraham

Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué. (Isaías 51:2).
¿Por qué Dios pide que miremos a Abraham? ¿Qué es lo que Él nos quiere mostrar? ¿Si no fuera nada importante, para qué mirarlo?
Lo que Dios quiere mostrarnos es hasta qué punto llegó Abraham con su obediencia, dando a Dios algo que no le daría a nadie debido a su valor e importancia: su propio hijo. Algo que era insustituible.
Dios muestra a un hombre llegando al límite de su fe y Él, al punto de hacer un juramento, se pone como garantía. (Génesis 22:16).
Si la persona ve lo que hizo Abraham y hace lo mismo, Dios hará en su vida lo que hizo en la vida de Abraham. La grandeza de la fe de Abraham está en la obediencia.
Existen los que creen y los que no creen. ¿A quién mirar? LOS QUE CREEN MIRAN A ABRAHAM
¿Usted cree que Dios puede cambiar esta situación terrible que vive en la familia, el amor, la salud o en su vida económica? Entonces, use su Isaac y pruebe a Dios. Y en el altar usted podrá decir: "¡Dios, el Señor ya me está debiendo porque yo también llegué al límite de mi fe!" Y como Dios no puede deberle nada a nadie, ¡¡¡¡VA A TENER QUE SER UN ÉXITO ROTUNDO!!!!
¡Dios le bendiga abundantemente!
Obispo Romualdo Panceiro
Publicado por Obispo Edir Macedo
Vida sentimental
Llegué a la Iglesia el día de los enamorados, el 12 de junio de 2004. Estaba sintiéndome completamente rechazada y humillada. No era para menos. Mi novio de aquel momento había terminado la relación conmigo aquel día.
Creo que para la mayoría de las personas el día de los enamorados representa un día de sueños, expectativas, declaraciones, etc. Para mi también lo representaría sino fuese el fin de mi relación. Maldije ese día.
Me quedé tan aturdida y herida, que dije que nunca más miraría ese día con alegría. Para mi, en los próximos años, en verdad, representaría tristeza y humillación, por recordar el tremendo “fuera” que recibí en pleno día de los enamorados.
En aquel año, el 12 de junio cayó sábado. Resolví entonces ir a la Iglesia Universal para participar de la reunión de la Terapia del Amor. Estaba muy deprimida. Aún así, conseguí tener fuerzas para ir a la iglesia. Sabía que allí tendría alguna respuesta para todo lo que me estaba pasando.
Al comenzar la reunión, el pastor pidió que todos los que estaban pasando por algún problema sentimental fuera hasta delante del altar. Fui sin dudar. En el momento de la oración, sentí fuertemente que Dios me estaba abrazando; esto es, consolándome. En este instante le dije a Dios que nunca más iba a querer saber de tener algún compromiso con alguna persona que no fuera Él.
Al sábado siguiente, ya estábamos en la Hoguera Santa. En unos pocos más, fui aprendiendo sobre la campaña. A pesar de saber que había sido cambiada y rechazada, tenía esperanzas de que mi ex novio volviese conmigo, aún no sirviéndome.
Hice mi sacrificio y mi pedido. Con el pasar de los días no vi ninguna respuesta. Pero, en vez de quedarme triste o resentida con Dios, Le agradecí por no concederme lo que le pedí. Contenta, sólo Él sabía lo que me esperaba. Sea bueno o malo.
Continué perseverando. A esa altura ya no alimentaba más ningún sentimiento por aquel muchacho. Perseveré en las cadenas, en la evangelización y, principalmente, en la fe. Fue cuando llegó la siguiente Hoguera Santa.
En este momento, sintiéndome más madura espiritualmente hablando, decidí dejar a cargo de Dios mi bendición sentimental. Me acordé de lo que dijo la Sra. Ester, en una prédica que hizo en la Catedral de Río de Janeiro, cuyo mensaje estaba escrito en la Folha Universal de aquel año. Ella dijo que no teníamos que preocuparnos con la apariencia física de nuestro/a futuro/a amado/a y sí, que pidiéramos a Dios que Él preparase la persona correcta para nosotros. Y que esa persona, además de tener dentro de sí la intención de hacernos feliz, que encajase con uno.
Allí estaba la solución que tanto buscaba en mis oraciones. El día de mi sacrificio, le pedí a Dios exactamente esto que había leído. Sacrifiqué y esperé convencida de que recibiría mi respuesta tarde o temprano.
Mire lo que sucedió conmigo. La Hoguera Santa sucedió en enero, en aquel año de 2005. Conocí un muchacho que siempre se sentaba cerca de mí y nunca lo había visto (y viceversa), en febrero. Comenzamos a noviar algunos meses después. Y en el día 12 de junio de 2005, o sea, exactamente un año después de llegar a la iglesia, arrasada y mal, Dios levantó mi cabeza, levantándome para Su obra. Dios me honró tanto y fue tan bueno conmigo, que hizo eso sólo par convertir aquel día tan triste para mi, en un día de mucha felicidad. Un año después me casé y hoy soy muy feliz. Tal vez no exista nadie que encaje tanto conmigo como mi esposo.
Creo realmente que cuando nos sacrificamos y sacrificamos a Dios, Él nos honra. No importa el tiempo, porque para el Dueño del Universo, el tiempo es lo que menos importa. Sinceramente, no imaginaba ser respondida en mi vida sentimental, al mes siguiente a la Hoguera.
Tal vez esa ha sido la razón de haber sido bendecida tan rápidamente: no estaba esperando. Mejor dicho, dentro de mi no había lugar para la ansiedad. Tenía absoluta certeza de que mi bendición vendría. Y eso me hacía feliz. Sabía que no sería, de ninguna manera, desamparada.
Es eso lo que Dios hace: cuando no nos preocupamos en recibir una bendición, a pesar de desearla tanto, Dios nos la da bien rápido. Creo que es porque Él no quiere que nada tome Su logar en nuestro corazón.
Publicado por Obispo Edir Macedo




