"No elegimos venir al mundo, pero tenemos derecho de elegir donde vivir la eternidad."
26
Jun2010

La voluntad de Dios

voluntad

En el cuidado en hacer la voluntad de Dios está el grado de relación del siervo con el Señor. Agradar a Dios es hacer Su voluntad de forma libre y espontánea. Ese es el sentimiento más sublime que dirige la vida de quien realmente es siervo del Altísimo.

Es hasta comprensible ver a la mayoría de las personas preocupadas con sus quehaceres y cuidados con agradarse a sí mismas. Doloroso es ver, incluidos en esa mayoría, a aquellos que, a pesar de tener muchos conocimientos bíblicos, nunca tuvieron una experiencia personal con el Salvador.

¿Pero, cómo servir a Alguien a Quien no conocemos? ¿Cómo agradar o hacer la voluntad de Un Desconocido?

Ese no es un problema del nacido del Espíritu Santo. Él entiende perfectamente el significado de la voluntad del Señor porque es siervo, nació para servir, no para ser servido. Él sabe la voluntad de su Señor. Si lo hace o no, es otra cosa. Pero, cuando él agrada a su Señor, Este hace posible la realización de sus sueños de forma natural, sin ansiedad, estrés o cosa parecida. Hasta porque, la voluntad de Dios jamás va en contra del bienestar de Sus hijos.

Como Padre, Él sabe lo que es mejor o no para Sus hijos. Muchas veces, o casi siempre, ellos usan la fe para tomar posesión de bienes anticipados. En cuanto a eso, pregunto: ¿cuál es la capacidad de un niño de administrar mil pesos? Por cuenta de esto, hay que usar la fe en las conquistas materiales, si, pero siempre usar tal fe, en riguroso acuerdo con la voluntad de Dios, para que la bendición no se convierta en maldición.

Publicado por Obispo Edir Macedo

14
Jun2010

Dios, Su siervo y Su Reino

Para que el trabajo del hombre de Dios sea provechoso, tiene que juntar su llanto en el altar por las almas con los medios de comunicación disponibles. Eso hará que su trabajo se desarrolle con más rapidez y, lo que es más importante, con calidad. Si confía apenas en su trabajo de comunicación para que su iglesia se desarrolle, su fracaso será inevitable, ya que el espíritu de comodidad se apoderará de él.

Considerando que el hombre de Dios tiene realmente su vida en el altar, o sea, cuerpo, alma y espíritu, verifiquemos sus siete mandamientos:

Primero: Tener para con el pueblo la misma consideración que tiene con Dios, pues está escrito: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).

Segundo: Llorar en la lucha por el pueblo que Dios le ha enviado. Cada hombre de Dios representa al Señor Jesús, y cada persona que llega a la iglesia es enviada por el Espíritu Santo, con el fin de que Su siervo le muestre el camino de la salvación. Una vez salva, ella glorificará al Señor Jesús. Fue por eso que Él dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere…” (Juan 6:44).
El Señor Dios dijo: “Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros del Señor, y digan: Perdona, oh Señor, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?” (Joel 2:17).

Tercero: Jamás hacer la obra de Dios de cualquier forma. El profeta Jeremías dijo: “Maldito el que hiciere indolentemente la obra del Señor…” (Jeremías 48:10). Hacer la obra de Dios indolentemente es como enfrentar el peor enemigo con un arma cualquiera.

Cuarto: Tener hambre y sed de ganar almas. Mientras que eso no sucede, el hombre de Dios se siente como Sara, Raquel y Ana. Ellas sentían amargura en el alma, vergüenza y humillación. Esos sentimientos están siempre molestando al hombre de Dios estéril.
Por eso, él no se avergüenza de llorar delante de Dios, pidiendo almas.

Quinto: Tener alegría y gozo al ver, delante de sus ojos, a las personas naciendo de nuevo. No hay satisfacción mayor para aquel que tiene la vida en el altar que ver hoy a personas que antes pertenecían al reino de las tinieblas teniendo la plenitud del Espíritu Santo, con semblantes limpios, alegres y felices, glorificando el Nombre del Señor Jesucristo.

Sexto: No tener celos o envidia del desarrollo de su colega de ministerio. Al contrario, regocijarse con su crecimiento, y orar para que él dé aún más frutos. Como aquella mujer de la parábola de la dracma perdida, conforme enseñó el Señor: “¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido” (Lucas 15:8-9).

Séptimo: No preocuparse apenas en ganar a las personas para el Señor Jesús, sino, sobretodo, en hacerlas discípulas. Esta, por otra parte, es la característica más acentuada en el hombre de Dios consagrado. Él se preocupa en hacer discípulos más que por cualquier otra cosa, pues sabe que el desarrollo del Reino de Dios en este mundo depende de hombres que tengan el mismo carácter del Señor Jesús.

Publicado por Obispo Edir Macedo

30
May2010

Prueba de fe

blogbp

Entre todos los dioses egipcios había uno cuya cabeza era de oveja / cordero. Por eso, los pastores de ovejas no eran bienvenidos entre ellos. El esquilado y, en especial, su sacrificio eran una afrenta para la fe egipcia.

El pedido Divino del sacrificio de un cordero y la exposición de su sangre en los umbrales de la puerta de entrada de la casa no debe haber sido una tarea fácil para los israelíes. Exigiría coraje. Ciertamente, eso insultaría a los egipcios y los volvería más agresivos hacia los judíos.

Los hijos de Israel tuvieron que elegir entre sacrificar a Dios y correr riesgo de vida o dejarlo y "salvar" su propio pellejo.

En cada instante de la vida, los convertidos pasan por el mismo dilema delante del mundo. Allí estaba la prueba de su fe.

He aprendido que el ejercicio de la fe es más una cuestión de actitud de coraje en obedecer la voz de Dios que el hecho de sentirlo.

"Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará" (Mateo 16:25).

Nadie se salva movido por sentimientos. La salvación exige actitud, acción o materialización de la fe. O sea, ¡coraje!

Publicado por Obispo Edir Macedo

28
Mar2010

Arca de la Alianza

arcapac-1

La alianza en el dedo simboliza el compromiso con alguien hasta el final de la vida. El Arca de la Alianza simbolizaba el pacto de Dios con Israel. Era llevada por el pueblo escogido como un trofeo eterno. Llevaba en su interior tres elementos: dos tablas de la Ley (la Palabra), la vara de Aarón (disciplina) y un recipiente con maná (pan nuestro del desierto). El Arca era el objeto más sagrado de la Tierra. Representaba a Dios. La dispersión de Israel por el mundo la hizo desaparecer.

La venida del Hijo de Dios dio inicio a un nuevo tiempo: el de la Nueva Alianza. Antes, el pacto de Dios estaba restringido apenas a los judíos. Vida, muerte y resurrección del Señor Jesús extendieron una nueva oportunidad de alianza, pero, ahora, con todos los demás pueblos. O sea, con los que creen.

Sin embargo, el pacto con Dios no se da simplemente por el hecho de aceptar o creer en el Hijo de Dios. Como un matrimonio llevado en serio, donde los dos empeñan la palabra de compromiso mutuo en el altar, con Dios no es diferente. El mantenimiento del matrimonio depende de sacrificios diarios hechos por la pareja. Si uno falla, entonces el compromiso corre el riesgo de ser desecho.

Con Dios no es diferente. Él ya Se sacrificó y mantiene Su Palabra de honra. Pero exige a los que en Él creen el sacrificio de la obediencia. A pesar de que Él no hace acepción de nadie, aún así no acepta el segundo lugar en la vida de nadie.


“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”
Mateo 16:24. Y advierte: “… y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. Mateo 10:38.

En compensación, a partir del momento en que se firma un pacto con Él, Su aliado se convierte en la propia arca de la alianza viva en este mundo.

¡Magnífico!

Sean bendecidos en nombre del Señor.

Publicado por Obispo Edir Macedo

21
Mar2010

Dios de Odio

blog21032010

“El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios”

El que es de Dios, las palabras de Dios oye…” (Juan 8;47). Pero quien predica o enseña la misma Palabra, obligatoriamente, tiene que ser el primero en practicarla.

En este mensaje el Señor Jesús separa la paja del trigo, definiendo bien quién es de Él y quien no. Hace así para alertar a los verdaderos siervos.

Cuando se nace de Dios, la característica más grande y evidente es el cambio de carácter. Por más mala, mentirosa o disimulada, luego del nuevo nacimiento, la persona es transformada como el agua para el vino.

Soy un testimonio vivo de eso. Recuerdo bien mi mal genio. El perdón no formaba parte de mi vida. Pasé dos años sin hablar con mi hermana. Era una persona de mal carácter, extremadamente temperamental. Pero, luego de mi nacimiento del Espíritu, me convertí como un niño. Todo cambió en mí. Me sorprendí a mí mismo y a mis familiares al punto de volverme un extraño en casa. Mis pensamientos y objetivos cambiaron, consecuentemente, las actitudes también. Todos notaron una enorme diferencia en mi comportamiento y en mi forma de hablar.

A veces, por los problemas causados por mi mal carácter, nos enojamos. Pero, luego pasa. Y, cuando la ira insiste en quedarse, oro por ellos y luego la paz interior vuelve a reinar. Es una maravilla convivir con la conciencia en paz.

He acompañado la invasión que el espíritu del odio, confusión y engaño ha hecho en el sembradío de mi Dios. Sé que hay riesgo de muerte mientras que el Señor Jesús no haya sido formado en el interior de los novatos en la fe. El diablo también lo sabe. Por eso, su odio crece y se esparce. Siento mi alma agonizante. Pero, ¿qué hacer? Obligar a los incautos a quedarse, no puedo. Espero, por la fe, que un día les “caiga la ficha”, se arrepientan y vuelvan al primer amor.

Comprendo muy bien las palabras de Pablo, cuando dijo: “por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19).

La búsqueda de éxito a cualquier precio instiga la falta de temor y respeto a la Obra de Dios. Y lo peor: promueve la rebeldía. Infelizmente, este problema siempre estuvo presente en la historia de la construcción del Reino de Dios en los corazones. Sugiero, entonces, la meditación en el texto a continuación, como una forma de alerta.

“El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios” (Juan 8:47).

O sea, quien rechaza las palabras de Jesús, no es de Dios.

Publicado por Obispo Edir Macedo

15
Mar2010

La Voz de Dios

voz

La Voz de Dios es más perceptible durante las adversidades de la vida. Fue así con el apóstol Juan, en la Isla de Patmos. Exiliado y sujeto a trabajos forzados, él reunía todas las condiciones para lamentar aquella situación. Tenía hasta el derecho de reclamar a Dios y pedir la muerte. Pero fue justamente en esas condiciones adversas que oyó la Voz de Dios y recibió la visión apocalíptica.

Toda su narración está sujeta a lo que él vio y oyó bajo el fuego ardiente vivido en aquel lugar.

Vivió el horror en la isla de los esclavos. Vio el horror reservado para aquellos cuyos nombres están registrados en el Libro de la Muerte. Pero tuvo su alma aliviada cuando vislumbró el nuevo Cielo y la nueva Tierra y el Libro de la Vida, donde encuentra su nombre registrado. Toda su visión sucedió porque el Espíritu Santo hizo de su cuerpo Su morada.

Vale la pena soportar todas las adversidades de la fe. Al final de cuentas, son estas las que dan a los siervos de Dios la condición de vencedores. Vencer, no para conquistar la gloria de este mundo, sino, para tener la gloria eterna de sentarse en el trono al lado de la Majestad de la Gloria. (Apocalipsis 3:21)

Publicado por Obispo Edir Macedo

11
Mar2010

Albert Einstein

Publicado por Obispo Edir Macedo

3
Mar2010

Pacto con Dios

pacto

Pacto o alianza involucra una sociedad entre dos o más personas. El matrimonio es la mayor y más expresiva alianza humana. Eso porque las partes entran en un acuerdo estrictamente espiritual: fe y amor. Por causa de esta base, la entrega mutua es incondicional hasta la muerte.

Infelizmente, en los días de hoy, el matrimonio no ha sido llevado muy en serio. Su importancia sólo ha tenido efecto de su celebración hasta la luna de miel. A pesar de eso, sus valores espirituales y eternos se mantienen. Eso, si consideramos su origen en la Creación, tratándose de la alianza entre Dios y el ser humano. De la parte Divina, Adán y Eva recibieron la Tierra y el dominio sobre todo lo que en ella había. De la parte humana, Dios exigía apenas la obediencia a Su Palabra. Dentro de los términos de este pacto, el ser humano tendría el derecho de participar de TODO lo que pertenecía a Dios y viceversa.

Fidelidad, respeto, compañerismo y dedicación son algunas virtudes oriundas del amor y de la fe. ¿Cómo exigir eso del socio antes no se corresponde con sus obligaciones del pacto hecho en el altar? Lo mismo se da en relación a Dios. ¿Cómo exigirle las Promesas si no se atiende con la obediencia a Su Palabra?

Creo que si nosotros hacemos nuestra parte en un pacto con Dios, pasamos a tener el derecho de exigir de El Sus Promesas. Y El, a su vez, queda obligado a cumplir la parte de El.

Publicado por Obispo Edir Macedo

15
Dic2009

Cuando Dios nos muestra el libramiento

El día amaneció caluroso y lluvioso, uno de aquellos viernes de verano que prometen ser largos y desgastantes. El tránsito, durante la mañana, hacía más lejano cualquier destino, principalmente para quien se exprimía en un ómnibus repleto.

En aquel día, Mariana*, secretaria ejecutiva de una empresa internacional de tamaño mediano, sabía que enfrentaría dos reuniones complicadísimas y que probablemente tendría que sacrificar su horario de almuerzo para cumplir con todas las cosas pendientes que llenaban su agenda. Después de horario, ella tendría que atravesar la ciudad para dar una clase particular de inglés, actividad extra que tenía para complementar sus ingresos.

El trayecto hasta la casa de la alumna de Mariana parecía más un trastorno que un camino. Ómnibus repleto, parada, cargando libros pesados y sufriendo el principio de una terrible jaqueca. A pesar de su usual buen humor, que siempre pareció ser a prueba de adversidades, un pensamiento le vino a la mente en forma de murmullo: “¡Qué día, mi Dios!”.

Después de una hora de micro y otras diez cuadras a pie, Mariana finalmente llegó a su destino. La clase transcurrió normalmente, hasta como un refrigerio en medio de tantas dificultades. Al intentar salir del edificio de su alumna para, finalmente, ir a casa, Mariana fue sorprendida por el portero, quien le advirtió: “Tres ladrones acaban de asaltar a una persona enfrente del predio. Ellos me amenazaron de muerte si llamaba a la policía y dijeron que volverían. Es mejor que nadie salga hasta que todo se calme”. “Esto no puede estar pasando”, pensó Mariana.

Media hora después, ella decidió salir del edificio, no quedaría a merced de ladrones. Mariana usó su fe como escudo de oro para que Dios la volviera invisible a los ojos de cualquier enemigo y alejase de ella todo peligro. Era 31 de octubre, fecha en la que muchos celebraban el día de brujas, costumbre inoportunamente importada de los norteamericanos por los brasileños. Por las calles, personas vestidas de negro, disfrazadas de monstruos y hechiceras, circulaban con botellas de bebidas alcohólicas, en un escenario digno de una película de terror.

Con pasos firmes y decidida a llegar a casa cuanto antes, Mariana caminaba en dirección a la parada del ómnibus cuando, para su casi desesperación, vio al colectivo pasar veloz. El próximo demoraría más de 30 minutos. Pero, a pesar de todos los contratiempos, del dolor de cabeza que ahora acompañaba al hambre y del hecho de estar muy lejos de casa, la muchacha no podía entender qué paz era esa que invadía su corazón. Era absurdo estar tranquila después de un día como aquel. Pero, Mariana estaba inexplicablemente calma.

Cuando finalmente llegó el otro ómnibus, ella se sentó, abrió un libro y deseó que por lo menos las últimas horas de aquel día fueran más agradables. Casi llegando a su destino, en una de las principales avenidas de la ciudad, Mariana vio luces rojas parpadeando, un movimiento extraño y empleados de la empresa de tránsito haciendo señales a los vehículos que se acercaban. Fue cuando ella reconoció, parado en la calle, al ómnibus que había perdido anteriormente. Tenía el lado derecho totalmente destruido después de chocar con un camión.

En aquel momento, ella pudo entender con claridad, en su corazón, lo que sucedió. Era como si Dios amablemente le dijera: “Mi hija, esta vez Yo permití que vieras mi libramiento”.

Mientras que, muchas veces, nuestros ojos sólo ven problemas y pensamos que estamos en medio del caos, perdemos la oportunidad de vivir la maravillosa experiencia de estar en los brazos acogedores y protectores de Dios.

*Esta historia es verídica y sólo el nombre del personaje fue cambiado porque su identidad no importa. Lo que importa es el amor de Dios.

Publicado por Obispo Edir Macedo

26
Sep2009

¿Qué padre es Ese?

blog_25_10_091

¿Si Dios es Padre de todos por qué tantas desigualdades en el mundo? ¿Por qué unos pocos tienen tanto mientras que la mayoría tan poco?

¿Y si Dios es Padre y rico, por qué la mayoría de Sus hijos es pobre y más de diez por ciento de la humanidad pasa hambre?

¿Qué tipo de padre es Ese?

Quien es padre sabe muy bien lo que significa la salud y el bienestar de un hijo. Yo, por ejemplo, por más cruel que fuese, jamás dejaría que algunos de mis tres hijos pase necesidades. Mucho menos sería inhumano al punto de intentar corregirlos con un resfrío, menos con un cáncer.

En una reciente entrevista a la prensa, el vicepresidente de Brasil, José Alencar, dijo: “Si Dios me quiere llevar, no precisa de un cáncer para eso. Mas, si Él no quiere que me vaya ahora, no habrá cáncer que me lleve.”

No quiero cansar al internauta respondiendo aquí esas y otras tantas preguntas que el tema aborda. Sería bueno meditar en eso. Para conocer más sobre el tema, lea el libro “¿Somos todos hijos de Dios?”

Publicado por Obispo Edir Macedo

Buscar
Informativo

Mándenos su e-mail y reciba mensajes y novedades sobre el blog del Obispo Macedo.

Idiomas

Bienvenido

Todos los domingos, miércoles y viernes un nuevo mensaje estará disponible aquí.


Facebook
On Line
RSS
Rss - Bispo Macedo
Twitter
Ultimos Comentarios
Archivos
www.bispomacedo.com.br - © Copyright 2013 - Obispo Macedo