"No elegimos venir al mundo, pero tenemos derecho de elegir donde vivir la eternidad."
17
Mar2010

Carta de perdón al Obispo Macedo

¡Obispo Macedo!

Mi nombre es Mara, y espero ardientemente que este e-mail llegue hasta usted. Conocí el trabajo de la Iglesia Universal hace más o menos 10 años. Yo participaba de las cadenas, concurría una o dos veces por semana, todo dependía del propósito presente. Obtuve bendiciones, daba ofrendas y también el diezmo, a mi manera. Pero todo con mucha reserva, mucha precaución, apenas como oyente. No quería compromiso.

Hace más o menos un año y medio, resolví colocar mi vida en el altar y entregarme verdaderamente, 100% bajo la palabra de Dios.

¡Oh obispo! Todo empezó a suceder en mi vida, incluyendo hasta a usted en esto, que ni sabe de mi existencia. Ni yo imaginaba que hace un año y medio estaría escribiéndole a usted.

Todo ocurrió cuando decidí sacrificar en la Campaña del Monte Sinaí. Sacrifiqué, de verdad, mi todo. Usted sabe como fue. Fui sanada de una enfermedad en los huesos, que no tiene cura. Era un dolor insoportable. Ella simplemente paseaba por mi cuerpo. A cada minuto, a cada segundo estaba en un lugar diferente. Yo sentía muchos dolores. La enfermedad se llama fibromialgia. Tomé remedios muy fuertes, hice varios tratamientos, estuve en cama por un tiempo y los médicos decían que así tenía que ser, tenía que aprender a convivir con el dolor. Conviví con ella por más o menos 8 años de lucha. También tenía un problema en el intestino.

Dios me curó y restauró mi salud. Lo gracioso es que cuando me di cuenta ya estaba curada. Y así Dios continuó trabajando: libro a mi hijo de la muerte, de un accidente donde el auto quedó como un acordeón. Solo quedó intacto el lugar en donde él estaba, al volante. La policía no podía creer lo que había sucedido.

Viviendo en Florida (Estados Unidos), concurriendo a la Iglesia en Orlando, bajo los cuidados espirituales del pastor, fui liberada y mí marido también. Hoy, tenemos el Espíritu Santo, somos obreros y mi familia está en la presencia de Dios. El día 7 de marzo, en la Iglesia en Orlando, en un determinado momento del culto, yo estaba orando y el pastor Jean me llamó y dijo: “Usted va a dar un testimonio”. Yo le respondí: “¿Yo?”. Él dijo: “Siiiii”. Pensé: “¡Y ahora!” El entonces me llamó para ir delante del altar, donde estaba el “obispo Macedo”. ¡Ahí es donde entra usted!

Sabe, obispo, durante una parte de mi vida yo tenía una verdadera aversión a usted. No podía ni siquiera oír hablar su nombre. Yo me refería a usted como un corrupto y otras cosas. Recuerdo que decía: “No puedo ni oír su voz”, era cada vez peor! Ha algunos años, usted estuvo en Elizabeth, New Jersey, cerca de donde vivíamos. Mi hija dijo: “¿Vamos madre? Va a ser una tarde de bendiciones. ¡El obispo va a estar presente!” Yo le respondí: “¿Estás loca? ¿Voy a salir de mi casa, de mi comodidad para afrontar esa multitud, sólo para ver al obispo Macedo? Para ver al obispo Macedo... jejejeje... ¡yo ir a ver a ese!” ¿Quién se piensa que es?

Detalle: una de las bendiciones que obtuve fue que mi hija fue a la Universal, donde está hace ya muchos años. Mi problema no era la Iglesia, y si el obispo Macedo. Por lo menos era lo que yo creía.

Volviendo al testimonio, quede allí parada, tomé la mano de mi marido y subimos en el altar. Cuando llegué cerca de usted, paso algo que realmente no esperaba. No conseguía hablar. Mi voz no salía. Lo oía preguntar, pero no conseguía responderle. Lo que respondía, no se podía entender. ¿Sabe por que? La presencia del Espíritu Santo era muy fuerte, avasallante. La certeza de su unción, la certeza de que usted es un escogido de Dios. El Espíritu Santo estaba contestando mis oraciones, en que siempre pedí que me lo mostrara. No lo esperaba en aquel momento y mucho menos delante de usted. Yo no podía reaccionar. Quede completamente anestesiada. Fue un éxtasis completo; fue muy fuerte. La voluntad de pedir perdón era muy grande, pero no sabia si podría hacerlo allí en aquel momento, por eso, no conseguí dar mi testimonio. Quede inconforme, lloré, fui a casa. Pasó el día y no me conformaba. Me senté a la noche y resolví escribirle.

Hoy, le pido perdón y que usted pueda perdonarme por las piedras que le tiré, sin siquiera conocerlo y sin haber nunca oído su voz.

Agradezco a Dios la oportunidad que Él me dio y me ha dado. Son pocos los que verdaderamente tienen esa oportunidad que tuve. Gracias, obispo Edir Macedo, por haberse colocado como barro en las manos del alfarero, porque sólo nosotros hemos ganado con eso.

¡¡¡Perdón!!!
Gracias, Espíritu Santo, por la oportunidad y por tantas bendiciones. Que Dios los bendiga cada vez más.

Mara Lucia
IURD Orlando

Publicado por Obispo Edir Macedo

14
Mar2010

Carta de un ex-miembro de la Iglesia Mundial

Volví a la IURD hace un mes. Mi esposo y yo nos conocimos en la Iglesia Universal y nunca fui al mundo. Me casé y después de dos años mi esposo decidió ir a la Mundial. Fuimos levantados obreros allí. Yo fui por sumisión, al principio me estaba sintiendo bien, pero mi vida espiritual fue cayendo día a día.

Transcurridos casi dos años, yo ya estaba como miembro sólo para agradarlo. Continuaba yendo con él, pero estaba muy mal, espiritualmente hablando. Comenzaron a aparecer problemas de salud que nunca tuve, siempre tomando remedios, pero continuaba tranquila, acompañando a mi esposo, que está como obrero.

Este año, a fines de enero, decidí por mi vida y volví para la Universal, solita. Mi marido estuvo de acuerdo, pero en el fondo él no quiere que vaya, pues me critica todos los días. Quiere que vaya con él a la Mundial y dijo que no está contento con esta situación. Muchas veces, él me trata muy mal, es áspero en sus palabras y me humilla frente a mis padres y de sus parientes, gritándome si yo dudo en alguna palabra o actitud.

Estoy feliz, porque me reencontré con el Señor Jesús. Fui curada, y yo ya ni sabía lo que era tener la presencia de Dios y decir “Yo te amo Jesús”. Y estoy yendo martes, miércoles y domingos, y hace dos domingos fui renovada por el Espíritu Santo, hablando en lenguas, lo que no sucedía hace dos años.

Estoy feliz, pero la presión está aumentando día tras día, y mucho. Hasta cambió el obispo de la Iglesia Mundial en mi ciudad y vino uno que a mi marido le gusta mucho, porque fue quien lo consagró a obrero. No sé qué hacer – estoy orando – no sé si eso que está en mi marido es un demonio o cosas de él, porque él no era así cuando iba conmigo a la Universal. Él siempre fue muy manso, pero ahora está lleno de “razón”. Yo nunca puedo opinar nada, porque ya tengo miedo de decir algo y que él salga con alguna grosería.

Yo me esfuerzo para ser una esposa virtuosa, trabajo (empleo bendecido. A veces, gano más que él) y dejo la casa linda para mi esposo. Cocino, hago lo bueno y lo mejor, doy cariño y siempre fui así, lo traté como a un bizcocho. Prefiero hacer antes las cosas para él y dejar las mías o a mí en segundo plano. Creo que cada día me anulo más y me dedico más y más, pero mi salvación y mi vida con Dios están en primer lugar.

Estoy luchando, no pretendo retroceder. ¿Estoy actuando correctamente? ¿Hasta que punto debo ser sumisa?

Gracias por su atención.

RESPUESTA:

La sumisión de la mujer para con su marido no puede ser considerada sin límites. La sumisión solamente debe ser ilimitada cuando se trata de la relación con el Señor Jesucristo. ¡Él es el Señor!

Imagine si el marido incrédulo exige que su mujer abandone o niegue su fe en el Señor Jesús. ¿Ella tendrá que hacerlo para cumplir su obligación de sumisión? ¡Está claro que no!

Por lo tanto, hay que usar la fe con buen sentido y equilibrio para no entristecer al Espíritu Santo.

Dios la bendiga abundantemente.

Publicado por Obispo Edir Macedo

5
Mar2010

Carta al afligido

5-03-2010-bg

Diariamente, he visitado mi blog. He leído sus comentarios y participó de las alegrías de muchos y me he angustiado con la tristeza y situaciones difíciles de otros. ¡Ah! ¡Si pudiera resolver sus problemas y sanar las dudas! Sobretodo, estoy absolutamente seguro de que mi Dios, según Su fidelidad y misericordia, ha cuidado de cada uno de nosotros. Ni siempre Él responde en el momento de la aflicción. Pero siempre esta presente para sostenernos.

Vea Su atención, cariño y consideración en estas palabras: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37)

Sé que no es fácil administrar los problemas diarios. Entretanto, hemos aprendido mucho que, cualquiera que sean las dificultades enfrentadas, Su Espíritu es con nosotros. Y todo coopera para el bien de aquellos que Lo aman.

Todos los nombres, incluyendo de los que me critican y odian, han si presentados a Dios en mis oraciones diarias. Tan solamente estén firmes, porque puede el llanto durar toda la noche, pero la alegría viene al amanecer. Si no vino esta mañana, vendrá en la mañana siguiente.

“Aunque la visión (promesa) tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.”
(Habacuc 2:3)

Sean todos bendecidos en el Nombre del Señor Jesucristo.

Publicado por Obispo Edir Macedo

2
Feb2010

Carta de un hijo en la fe

Hola obispo,

¿Todo bien?

Me puse muy feliz cuando usted me permitió escribirle. Pero, yo ni sé qué escribir. Me viene una montaña de cosas en la cabeza.

Escuché su reunión, del domingo, y me emocioné mucho. Es eso que creo de la Iglesia Universal, una fe sin igual y un amor que no existe en este mundo.

Cuando era pequeño, mi padre se fue de casa, como usted sabe, y nuestra vida se convirtió en una desgracia en todos los aspectos. Nadie nos ayudó. Hubo pocos, muy pocos, que hasta intentaron, pero no tenían condiciones, no tenían amor, no tenían paciencia, no tenían a Dios.

Nadie podía ayudarnos. Buscamos la ayuda de muchos: iglesias, espiritistas, familiares, hasta iba al cementerio con mi madre a encender velas a mi abuelo fallecido.

Las cosas empeoraban y fue ahí que no había nadie para ayudarnos. Todo el mundo tiene sus problemas y no quieren saber nada del problema de los demás.

Fue entonces que fuimos a la Iglesia Universal, en Pinheiros (San Pablo) y allí había pastores que tuvieron paciencia para oírnos y, lo mejor de todo, FE para luchar por nosotros. Fue a través de esa fe que conocí el amor de Dios y el odio del diablo.

Al oír su oración en relación a las humillaciones y el dolor que usted y el pueblo pasaron/pasan, y recordar todo lo que usted enfrentó en persecuciones y desafíos. Y aún más, oírlo decir que no sabe más qué hacer y hasta pedirle a Dios que le quite la vida como si fuese un favor, ah no obispo, ¡eso no puede suceder!

Si usted no sabe qué hacer, ¿imagine yo? Yo se que Dios le da la dirección y todos nosotros necesitamos de usted. Claro que necesitamos de Dios, pero sólo usted, a través de la Iglesia Universal, nos lleva a Dios. No existe (que yo conozca) otra obra que nos lleve a Dios.

Cuando hablo con mi madre o mis hermanas (todavía falta que una llegue), veo lo que usted hizo por nosotros: ¡nos llevó a Dios!

Solamente por el hecho de habernos ayudado, ya lo considero vencedor y perfecto.

¡Obispo, existen otras millones de personas, como yo y mi familia, que necesitan del señor para guiarlas al Señor Jesús!

Gracias por, aún en medio de las dificultados, persecuciones y calumnias, habernos ayudado.

Oro siempre por toda su familia: la Sra. Ester, el obispo Renato, la Sra. Cristiane, el obispo Julio, la Sra. Viviane, Moisés. Sólo a veces me olvido de mencionar a su nieto (je). Así, se que puede suceder de todo en el mundo, pero existe un hombre de Dios.

Aquí, el trabajo sigue. Son muchas cosas para aprender. Lo que falta en experiencia, lo llevamos en la fe y en la misericordia de Dios hasta aprender, ¿no es? Y Dios ha bendecido nuestra voluntad de ver salvas a las personas, trayendo más y más personas.

En breve, abriremos una iglesia más. Faltan detalles.

Aprendí mucho con los obispos Renato y Julio (y todavía aprendo, pues siempre me mandan sus direcciones) y con el obispo Pedro, que ahora está en Inglaterra. Sus reuniones son muy buenas. Hasta a esquiar me enseñó, ¿es tímido? Sólo en la IURD.

Manténgase con Jesús. Obispo, y un fuerte abrazo.

¡Amamos a Jesús y a usted!

Guilherme, de Irlanda

Publicado por Obispo Edir Macedo

27
Dic2009

Carta al Sufrido

blogsp271209

En el principio creó Dios los cielos y la Tierra. Y la Tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Tal vez la vida del lector esté también sin forma y vacía. Esto es, sin ninguna realización personal y vacía de objetivos. Vacía de amor, de alegría, de sueños y hasta de fe. Pero, sobrecargada de depresión. Así como en el comienzo de la creación, el Espíritu de Dios también está sobre usted. No importa lo que usted hizo o dejó de hacer. Él espera su invitación para transformar su vida, como hizo en la Tierra.

Tal vez usted ha estado cargando el peso de un pasado triste. Dolores, rencores, odio y deseo de venganza. ¿Qué hizo o hará con ese peso? ¿Qué beneficios le ha dado eso? ¡Sáquelo e invite al Espíritu de la Vida, ahora mismo, a vivir en su cuerpo!

Donde sea que usted esté, no importa. Él está sobre su cabeza. Busque un lugar privado, quizás el baño, y converse con Él. Si su charla con Él es sincera, tan cierto como Él existe, le responderá inmediatamente. ¡Y su año nuevo será diferente de todo lo que usted ya vio!

Publicado por Obispo Edir Macedo

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