"No elegimos venir al mundo, pero tenemos derecho de elegir donde vivir la eternidad."
3
Jun2013

Godllywood

No fui a la noche de autógrafos del lanzamiento del “NADA QUE PERDER”. En realidad, ni me entusiasmé por leer el libro. “¿Por qué las personas promueven tanto ese libro si ya conocemos la historia del obispo?”, me preguntaba, además de que nunca había tenido el hábito de leer los libros de la iglesia (tengo prácticamente una biblioteca en casa, pero jamás había leído ninguno).

¡En primer lugar, me gustaría dejar bien claro que el objetivo y el deseo del obispo al escribir el libro, presentados incluso en la introducción, sin sombra de dudas son alcanzados! La lectura me llevó a tomar las decisiones que me faltaban para un verdadero encuentro con DIOS, para la conquista de la Salvación eterna.

Me llamo Dâmia Natascha. Hoy tengo 27 años y soy madre soltera (mi pequeña tiene 2 años y perdió al padre a los 8 meses). Desde entonces fue por DIOS y por la Iglesia Universal que tuve fuerzas para seguir.

Pero conocí el Grupo Joven cuando tenía solo 13 años y, como muchos, tenía aquella indefinición. Me gustaba, creía, ya sabía lo que era correcto, pero… Para resumir, ¡a lo largo de esos años fue un vaivén que incluso me da agonía recordar!

Embarazada y de novia, volví de una vez por todas a los 24 años. Terminé el noviazgo para no vivir más en el pecado de la prostitución (fue muy difícil renunciar a mi noviazgo), pero sabía que ahora que íbamos a ser una familia era mejor que estuviéramos en la presencia de DIOS. Comencé a hacer todo correctamente: me bauticé en las aguas, jamás falté los martes, miércoles, jueves y domingos y ‘confiaba’ que pronto el padre de mi hija estaría en la iglesia conmigo. Pasó un año y ya estaba hasta en el discipulado para convertirme en una obrera, era tía de la EBI y también evangelista. Pero solo entendería el verdadero significado de confiar en DIOS al pasar por mi primer desierto.

Él falleció. Un año firme, fiel, deseando servir a DIOS, pero mis planes serían frustrados con la muerte del padre de mi hija. Me sentí fuerte al superar aquel dolor.
Lógicamente los cuestionamientos a DIOS me atormentaron. Yo no entendía aquella situación y ni la quería aceptar. Aún así permanecí, trabaría una nueva batalla al reconocer finalmente que necesitaba el bautismo con el Espíritu Santo.

Si llamo tormento al dolor de la pérdida, descubrí que el tormento mayor es el dolor del vacío. Buscaba, buscaba, buscaba, pero nunca Lo encontraba. ¿Ayuno de Daniel? Pasé por todos, entendía y hacía todo correctamente, pero, al final, veía la alegría y el testimonio de muchos y en mí no había ninguna diferencia. En todos el obispo nos enseñaba: “¡Tenga certeza y listo!”

Yo incluso salía convencida de mi encuentro con DIOS, pero en pocos días mis actos me probaban lo contrario y me veía llena de dudas nuevamente. Hasta aquí está claro que era esa cristiana convencida, ¡no convertida!

Recién con el ‘Desafío Godllywood’ perdí aquel hábito horrible de no leer los libros de la iglesia y la Biblia. Solo oía la Palabra de DIOS en las reuniones. En casa, jamás reservaba un tiempo para oírlo. Como consecuencia del ‘desafío’, en seguida estaba en el ‘rush’, que fue suspendido en esa época. En el segundo ‘rush’, aquí en Fortaleza (CE), perdí la oportunidad de participar. Pero, este año, mi 3° ‘rush’ ha sido maravilloso. Usted debe saber bien que tenemos la tarea de leer libros y entregarles el resumen a nuestras responsables.

En mayo, el libro fue ‘NADA QUE PERDER’.

Agradezco al obispo porque, realmente, sin tener nada que perder, abrió las páginas de su vida con el único objetivo de hacernos alcanzar la Salvación. Fue el miércoles 22 de mayo, así como todos los testimonios que ya oí, también recuerdo los mínimos detalles de la reunión y mi búsqueda sincera en la que hablé con DIOS de una manera que jamás había hablado, reconociendo mis errores y pecados, mi imperfección, pero queriendo, aún siendo indigna, que ÉL contase conmigo para Servirlo.

¡Salí de allá maravillada! Esta vez como nunca salí, tuve la certeza de que no había sido ni momentáneo, ni fuego de paja - ¡la llama fue encendida! Nunca estuve tan segura de que pertenezco a DIOS. Mis errores no me acusan más, y sí me llevan a tomar actitudes para corregirlos. El ‘rush’ y el ‘Desafío Godllywood’, gracias a DIOS, me llevan a dar testimonio en las mínimas cosas: dentro de casa, con mis familiares y amigos, en el trabajo, en los estudios, en todo. ¡Mi pasado se borró, comencé desde cero!

Tengo el enorme deseo y las ganas de alcanzar almas necesitadas, ayudar a los sufridos, perdidos, pudiendo regalarles este libro maravilloso. Esta es mi mayor certeza de estar salva.

Soy pecadora, imperfecta, indigna, pero la más rica de las criaturas por tener la certeza de la Salvación, la certeza de ser verdaderamente hija de DIOS y pertenecer a ÉL – alegría y gozo que el Espíritu Santo me proporcionó por medio del libro “NADA QUE PERDER” y del “GODLLYWOOD”.

Por eso, hoy sé por qué este libro era tan recomendado, y entiendo el verdadero significado del “Godllywood”, antes caratulado por mí como innecesario y fútil, cosa de “muñequitas” y chicas mimadas.

Cambié, nací de nuevo, soy una nueva criatura, una mujer virtuosa, guerrera, determinada, vencedora, evangelista, ‘godllywoodiana’. Mi nombre es Dâmia Natascha. ¡YO SOY LA UNIVERSAL!

¡Ni siquiera este texto puede expresar mi gratitud!

Dâmia Natascha


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