"No elegimos venir al mundo, pero tenemos derecho de elegir donde vivir la eternidad."
25
Ago2011

Caer por el “Espíritu”

¡Hola obispo!

Viendo la cantidad de comentarios y dudas sobre una “doctrina”, en la que las personas que caen en el suelo dicen estar siendo “poseídas” por el Espíritu Santo, me gustaría compartir un hecho que sucedió en nuestra Iglesia de Australia, que, a mi modo de ver, aclarará a mucha gente y, principalmente, a los que usan la razón.

Existe una ley en Australia, en la que los lugares privados que dan acceso al público, compulsivamente, necesitan tener una póliza de seguro.
Este seguro anual se llama “Liability Insurance”.

Este seguro sirve para dar cobertura en casos en los que alguna persona sufra algún accidente en el lugar, como un dedo agarrado en una puerta, un resbalón, alguna estructura del predio que haya causado daños a alguna persona o propiedad, etc.

En esta ley, las Iglesias también son obligadas a tener este seguro.

Hasta ahí, sin problemas, pues con placer cumplimos la ley y, siendo así, obtuvimos nuestra póliza de seguro.

Pero sucedió un hecho inusitado. Nuestra aseguradora, que es una de las mayores de Australia, a través del agente, insistió en preguntar si nuestra Iglesia incentivaba a las personas a “caer por el espíritu”, lo que allá llaman de “slaying in the spirit”.

Apuntando hacia la ficha de la aseguradora, que tenemos que llenas con información para el seguro, él nos mostró una pregunta impresa que cuestionaba si éramos practicantes de la doctrina de “caer por el espíritu”. Teníamos que marcar una “x” en el cuadrito del “sí” o del “no”.

Me pareció extraña su pregunta, y antes que pudiera responderle que no teníamos esa creencia, él mismo se adelantó y dijo que existe un criterio diferente de seguros para las Iglesias que poseen esta doctrina. Yo, claro, me sentí curioso en saber cómo una empresa de seguro sin vínculos religioso, parecía conocer el término “caer en el espíritu” y al mismo tiempo nos interrogaba sobre el asunto.

Fue ahí que el dijo que existen muchos “creyentes” practicantes de esta doctrina, y en sus cultos al “caer por el espíritu” se rompen brazos, piernas, se lastiman y golpean la cabeza, caen sobre las sillas y las personas. Y cuando no se golpean a sí mismos, caen sobre otros, afligiéndolas con las mismas consecuencias.
Él fue aún más lejos, dijo hasta que existen batallas judiciales por daños causados a las personas y por personas que “cayeron por el espíritu”.
Él me preguntó si yo creía en esta doctrina. Yo, sin entrar en el punto religioso de la cuestión, le respondí que no, pues mi inteligencia no concebía el hecho de ver a mi esposa lavando y planchando mi ropa, con tanto cariño y sacrificio para después usarla y rodar ensuciándola por el suelo, destruyendo todo su trabajo.
Después de algunas risas, firmamos la póliza.

Este es un ejemplo típico de desgracia causada a los incautos, por desconocer el verdadero bautismo del Espíritu Santo.

¡El Espíritu Santo no lastima a las personas, sino que cura las heridas!

¡El Espíritu Santo no nos tira al suelo, sino que nos levanta!

¡El Espíritu Santo no nos enseña religión, sino que nos enseña toda la verdad!

El Espíritu Santo no causa confusión, sino que nos conforta y consuela

Que Dios lo bendiga.

Atentamente,
Marcelo Cardoso


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