"No elegimos venir al mundo, pero tenemos derecho de elegir donde vivir la eternidad."
7
Mar2010

Sexo con lúcifer – Capítulos 1 y 2

¡Volver al terrible pasado de mi vida solo es válido para glorificar a Dios, entonces vamos!

Desde el vientre materno, por pura ignorancia espiritual de mi abuela materna, fui ofrecida a los espíritus, los cuales se decían de “luz” (como siempre hacen).

Tuve una infancia humilde, pero nunca nos falto el pan. Mi padre, siempre muy trabajador (como lo es hasta hoy), y mi madre, ama de casa. Ambos sin vicios. Nunca tuve ningún mal ejemplo que al menos intente justificar toda mi loca vida cuando me volví adolescente.

A los 16 años, me descomponía en la calle y entonces comencé a ir a un centro espiritista de “mesa blanca”. Los tales “ancianos e indios de luz” decían que ya era hora de “desenvolver” y comenzar a hacer caridad, pues todo lo que recibía “de la gracia de Dios” debería pasar a mis hermanos de la misma forma. Así, comenzaba realmente la desgracia de mi vida.

En 1985, a los 18 años, me enamore de un joven. El era estudiante de medicina y yo, en esa época, estaba terminando la escuela secundaria. Me entregué a él. Éramos novios y teníamos planes para casarnos. Mi padre, que es un hombre muy serio e integro, nunca tolero los amoríos que yo tenía, pero este joven le agrado (realmente era un buen chico). Un día, de repente, él resolvió terminar conmigo y yo casi enloquecí (en esa época yo ya estaba en “desenvolviendo” con los espíritus). Caí en una profunda depresión, no me bañaba, no comía y vivía en una habitación oscura. Me acuerdo que para ir a la escuela muchas fueron las veces que dormía con el uniforme para no perder la clase. Cuando iba a la escuela (llevada por mi madre, de ómnibus) por padecer también el síndrome de pánico, quedaba como un bicho alejado al final de la clase sin decir una palabra. Mis amigas de clase desconfiaban de mis actitudes, pues era una chica muy “feliz”. Preguntaban a mi madre lo que me pasaba y ella decía: “Déjenla chicas, ella está muy enferma.”

Hice tratamientos con un psicólogo, pero dentro de mi nunca acepte depender de nadie y de nada. Tire los remedios y le dije a mi madre que, de ahora en adelante, yo me curaría solita. Pues bien, comencé a salir con más frecuencia con amigos, por las noches, bebía sin control (nunca dejando de ir a las sesiones espiritistas). “Recibía” a los espíritus en la calle, o en cualquier lugar. Yo no tenía dominio sobre ellos en mi vida. Cociente, los serví durante 19 años. Probé marihuana y cocaína, pero felizmente, no me gustaron los efectos. Exhalaba mucho desodorante. En los fines de semana era ley (época de discotecas).

Yo veía la tristeza estampada en el rostro de mi padre cuando llegaba en casa por la mañana, completamente ebria, y muchas veces, con una lata de cerveza. Entraba solamente para tomar mi delantal para ir a las clases de la escuela que termine solo Dios sabe cómo.

Parecía estar sanada. Comencé la facultad de Fonoaudiología en una estupenda Universidad en Río de Janeiro. Siempre bebiendo y fumando mucho, llena de “amigos” y cada vez más agresiva, prepotente, arrogante. Yo tenía una sensación de poder increíble y no le tenía miedo a nada y a nadie. Esto cada día crecía más y más dentro de mí. Por las noches, en primer lugar, servir a las “entidades” siempre.

El tiempo paso y a cada día yo me hundía más. Bebía tanto que todos los días al despertarme tenía ganas de quitarme la vida de tantas “borracheras”. Recuerdo que tenía una imagen de “Cristo” en la habitación. Yo charlaba con ella siempre y, rezando, pedía que no despertara mas el día siguiente. Cuando me despertaba, las ganas de quitarme la vida aumentaban y así fui “desenvolviendo” y destruyéndome.

Hombres casados eran mi preferencia. Si fuese soltero no lo quería. Tenía placer en sacar el marido de las mujeres y destruir matrimonios. Y lo peor es que, en la mayoría de las veces, yo lo conseguía, pero después los dejaba.

En 1992, a los 25 años, conocí a un hombre en un bar que iba frecuentemente (además, yo pasaba el día bebiendo) y fue entonces la consumación de mi derrota. Un “amigo” de la época nos presento y para variar, él era casado. Me gusto la idea y continué. El me dijo así: “¡Cuando termines con fulano (otro casado), tu vas a ser mía. Quise decir, ¡ya eres mía!” recuerdo que sonreí y no me dio mucha confianza, pero la semilla del infierno había sido plantada dentro de mi. Quedamos juntos como amantes hasta 1994, cuando su mujer descubrió todo (ya era su segundo casamiento). Y me pareció bien. Fui hasta la casa de ella, me senté en su cama y le dije a ella que a él no lo dejaría nunca; que se conformase en ser la otra. Lo mas increíble fue que acepto y me dejo ir. Hasta me acompaño a la portería para tomar un taxi.

Cree lazos con él. Viajábamos y dormíamos afuera casi todos los días. El la llamaba del motel y le decía que estaba trabajando. Yo me creía la mujer más maravillosa y poderosa, y me reía de ella. Comencé a beber vodka porque era la bebida preferida de él. En el inicio, con aquel refrigerio que todos conocen (la famosa y terrible cuba libre), pero durante la misma noche, la bebía pura. Teníamos un bar en el portaequipajes del carro de él. En esa época, comencé a escuchar voces y ver sombras y la vida cada vez más loca y desenfrenada.

En una de esas salidas nocturnas llenas de cigarrillo, bebida y prostitución, “recibí” un espíritu dentro de su carro. Él tenía un Fiat Uno Mille, y el panel termino destrozado, por los cortes de cuchillo. Su hijo tenía 7 años estaba con nosotros y había presenciado todo. “Yo” mande dejar al chico en cualquier “desfiladero”. Menos mal que él no hizo eso, pero el niño empezó a tenerme miedo. Quede poseída por ese espíritu más o menos de las 23 hs a 5 hs de la mañana. No recuerdo nada. Solo recuerdo cuando volví en sí. Yo estaba solamente con un short y sostén, en frente al portón principal del cementerio del barrio de Botafogo. ¡Allí, pedí la muerte! Entonces mi madre, como toda buena madre, queriendo ayudar a sus hijos, llamo a mi antigua mai de santo y le contó toda la historia. Inmediatamente ella mandó (no pidió, era una orden) que al día siguiente fuera allá, pues necesitaba volver a trabajar con los espíritus. Claro que obedecí y lleve de regreso a mi madre y a mi enamorado.

Continua...

Claudia Diniz (IURD Botafogo)

Rio de Janeiro (RJ)


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